CAPÍTULO 31
ALEJANDRO
No hablar con Nora en todos estos días ha sido una jodida tortura en la que escribirle a Kinleigh preguntando por ella ya no me basta. Mi paciencia parece estar llegando a un punto límite que no creí que tendría tratándose de mi novia, porque... sigue siendo mi novia.
Aunque parezca que no tiene intenciones de hablarme.
Y la entiendo en cierto punto. He pensado día y noche en lo frustrada y encerrada que debió sentirse ese día del juicio, y sé que quizás debí ponerme en su lugar y no dudar de lo que me decía. Pero una parte de mí lo creyó imposible porque no hay manera en la que mi madre haya podido dar con esas notas o hablara con Larson, porque, ¿con qué fin lo haría? No tiene sentido.
Veo a mi madre. Está sentada en el sofá frente a mí, con la Biblia en sus manos. El silencio que hay es... tranquilo pero tenso. Sacudo la cabeza, completamente incrédulo. Reconozco que más de una vez nos ha manipulado a mis hermanos y a mí con tal de hacernos volver a casa, pero nunca se metería en mi trabajo. Menos estando enferma.
Dirijo la vista a mi celular. Suelo ser paciente, más cuando se trata de Nora, pero ya no quiero esperar más. Debemos hablar, pero... ¿Qué voy a decirle? No he hablado con mi madre al respecto porque la pobre mujer fue al hospital por un infarto, tocar ese tema, ponerla en duda, podría joderla más y no quiero cargar con las consecuencias de ello.
Pero Nora... le he dicho en cientos de ocasiones que ella siempre está por encima de todo y ahora... suspiro. Abro mi chat con ella, notando, inmediatamente algo extraño en los mensajes.
El ultimo mensaje que yo le envié es un «te amo» del día que tuvimos esa estúpida discusión.
El último mensaje de su parte es un simple «ok».
Enviado una semana después.
Frunzo las cejas.
Veo a mi madre de nuevo, pero ahora parece que se ha quedado dormida. Me levanto en silencio del sofá y salgo de casa. Encontrándome con mi padre.
—¿Dónde vas? Tus hermanos ya vienen.
—Me necesitan en el bufet.
Arruga el entrecejo, pero asiente.
—Recuerda venir por la noche.
Me toman diez minutos menos de lo debido llegar al trabajo. Mi secretaria me ve confundida, quizás se deba a que yo no venía hoy o porque voy vestido casualmente y no con traje y corbata como suelo venir aquí. No sé ni me importa.
Veo a a Kate y a Mark frente a la oficina de este último, que se ríe por algo que ella ha dicho, pero su sonrisa se borra al verme.
—¿Qué haces aquí? ¿Y por qué parece que quieres despedazar algo?
—¿Dónde está Larson?
—En su oficina, ¿Por qué? —pregunta Kate —. Alejandro.
—Dime que ya cerraste el caso.
—Faltan unos detalles. Tengo una citación la próxima semana y... ¡no me dejes hablando sola!
Sus tacones repiquetean a mis espaldas.
—Alejandro, no sé que te sucede, pero sea lo que sea que estés pensando es mejor que no lo hagas.
—Pienso lo mismo —comenta Mark.
—Solo vengo a buscar respuestas.
Pongo la mano en el pomo de la puerta de la oficina de Larson, que se abre antes de que yo pueda hacerlo. Su mirada castaña pasa rápidamente de la tranquilidad al miedo al verme frene a él y por más que intento no hacerlo, mi puño se estampa contra su nariz y mis manos terminan sujetando en puños su camisa. Lo sostengo contra la puerta, cuyo vidrio se quiebra ante el impacto. Hay uno que otro chillido de sorpresa.
ESTÁS LEYENDO
Querida Nora
Romance«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero, hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos: nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio. * Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche. Nora...
