Capítulo 30

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CAPÍTULO 30
NORA

El silencio de la casa es perturbador.

Nunca me había incomodado tanto como ahora, pero se debe a que estoy sola hasta las dos de la tarde que Kinleigh llega vuelve del trabajo y mientras eso sucede lo único que escucho en estas cuatro paredes son mis pensamientos. En especial ese que ha sido constante en meterse en mi mente pero que yo me encargo de sacar porque me niego a aceptar que está sucediendo.

No puede estar sucediendo justo cuando Alejandro y yo estamos... así.

En todos estos años juntos no hemos pasado tanto tiempo sin hablarnos y no entiendo porque hemos dejado que transcurra una semana. Quizás porque esa noche vi que él no creía. Quizás porque gritarnos no es algo que solemos hacer y de alguna manera eso nos incomodó. Quizás... no existe un quizás. O sí. Quizás esta era la gota que necesitaba el vaso para rebalsarse en cuanto al tema relacionado con su madre se trataba.

Aparte del constante malestar que he tenido, sigo teniendo esa sensación de que Alejandro tiene una parte de mí con él. Y siento que, si no hablamos pronto, no la recuperaré.

Lo conozco y sé que está esperando a que yo le escriba. Porque es paciente conmigo, me da espacio, me espera. Pero yo no le escribo porque temo que siga sin creerme. Después de todo, ella es su mamá. No importa que tanto él diga que me escoge a mí, no importa que tanto la conozca, Alejandro sí es demasiado bueno como para dejarla de lado aún sabiendo como es. Tal vez la mujer sí se puso mal, tal vez Kenner me mintió y solo dijo lo que dijo para desestabilizarme y hacerme ver como una perdedora.

Veo de nuevo mi chat con Alejandro. Los últimos mensajes suyos que tengo son de esa noche, uno donde me decía qué había pasado, otro donde me preguntaba si estaba en su apartamento y un último mensaje que me envió después de irse.

Te amo.

Me limpio las lágrimas y me giro en la cama, abrazando una almohada. Pero no duro mucho en esa posición porque segundos después estoy corriendo al baño. Me hinco delante de la taza del servicio y vomito el cereal que comí en la mañana. Me limpio la boca, me lavo la cara y me veo en el espejo.

Dios.

No recuerdo la última vez que me vi tan hecha mierda. Ojalá lo dijera solo por lo mal que me siento o por haber botado todo mi desayuno, lo digo porque me duelen las tetas y he tenido cólicos que apenas me han permitido levantarme de la cama. Además, estoy un poco pálida, tengo los ojos rojos e hinchados y mi nariz parece la de un payaso. Si así estoy por una estúpida discusión no quiero imaginarme si... sacudo la cabeza.

Sí, creo que hay muchas cosas que quiero evitar en estos momentos.

Vuelvo a la cama, cojo mi celular y contesto el mensaje de Leigh. También el de mi mamá. Y después, vuelvo a entrar al chat con Alejandro, pero me salgo rápidamente y entro a la galería de fotos donde la primera foto que veo es una suya. Es del día que salimos con Kate, está sentado, con un brazo apoyado en el respaldar de la silla y sonriendo despreocupado a la cámara. Hago zoom en sus ojos y todo lo que quiero en este momento es tenerlo aquí mi lado, mimándome, besándome, hablándome mientras yo me pierdo en el mar gris de su mirada.

Pero según el mensaje de Kate no está en la oficina y sé que no está con sus hermanos porque Adam me escribió hace un rato preguntando por él y Abel y su esposa no están en la ciudad. Así que, Alejandro está con su mamá y de ninguna manera lo llamaré sabiendo eso.

Querida NoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora