Extra: el caso N. D

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Alejandro

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Alejandro

Han pasado un par de semanas desde mi última salida con Nora y otro par desde la primera vez que le envié un mensaje.

Nora lleva un rato escribiendo una respuesta desde hace un par de minutos y me pica la curiosidad saber qué quiere decirme. Hablar con ella casi todos los días ya es algo constante. Es más, creo que nunca dejamos de hablar en realidad. A veces ella se queda dormida y me contesta apenas se levanta el día siguiente, siguiendo la conversación donde la dejamos y otras veces soy yo. Nunca nos despedimos del todo, nunca hay un «buenas noches».

Hablamos sin parar desde el primer día que le escribí y me gusta.

A veces me manda fotos, pero fotos de lo que está haciendo, de lo que está comiendo o algunas de su amiga, a quién he apodado Solecito.

Nora es... peculiar.

Pero peculiar o no, Nora me gusta.

Saco el celular sin que nadie se de cuenta y leo el mensaje. Su respuesta no me sorprende. La veía venir.

Gatita:
No quiero nada serio.
Gatita:
No quiero una relación,
no tengo tiempo para una.

Honestamente, yo tampoco. Mis relaciones serias son contadas y si tener algo pasajero con Nora me permite verla, puedo aceptarlo. De todas formas la atracción física ya está ahí y es mutua. Explorar la parte sexual, así no sea algo serio y duradero nos vendría bien a ambos.

Alejandro:
Puedo tomarlo.

Su respuesta no me llega de inmediato, pero eso me permite centrarme en la clase y no estar pendiente de lo que vaya a decirme. Me ha gustado salir con ella, me gusta mensajearme con ella y escuchar todo lo que tiene para decir o que ella escuche todo lo que yo tengo para decir. Solo llevamos un mes y unos días conociéndonos, pero si solo vamos a tener algo casual, entonces es suficiente.

Aunque no sé si con Nora esto pueda ser suficiente.

Cuando la clase se da por terminada salgo del salón con el celular en mano y leyendo la respuesta de Nora, sonrío como idiota cuando envía otro. Creo que la razón por la que ella no quiere nada más allá que un poco de juego y tonteo es porque cree que yo solo estoy jugando con ella. Pero yo no estoy jugando. No me gusta esa mierda de jugar con las mujeres, acostarme con ellas y después fingir que no pasó nada. Si es lo que ellas desean, bien, no me quejo siempre y cuando sea algo mutuo, y en este caso parece que lo es.

Aunque yo quiero más, por muy precipitado que suene.

Sonrío cuando al salir de la universidad, la veo con Kinleigh, debajo de un árbol bastante grande y frondoso. Ambas están sentadas en el suelo y Nora parece estar posando para Kinleigh. Sin siquiera darme cuenta, estoy caminando hacia ellas. La rubia es la primera en verme y sonríe cuando le indico que no diga nada. Me agacho en silencio y con cuidado detrás de Nora.

Querida NoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora