Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

Capítulo 48

3.2K 168 23
                                        

CAPÍTULO 48NORA

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

CAPÍTULO 48
NORA

Kinleigh me ve con extrañeza.

Finjo no darme cuenta mientras veo a Nathaniel que succiona mi pezón con fuerza. Ahora lo hace bien un poco mejor. Paso, con cuidado, mi mano libre por su cabecita llena de abundante cabello negro y después, paso mi dedo por su mejillita sonrojada y sonrío cuando su boquita se tuerce en una mueca que parece una sonrisa.

Veo de reojo a mi amiga, que nos sirve la cena.

—¿Vas a dejar de verme así?

—Así ¿cómo? —pregunta con desinterés, pero la conozco y sé que mi lado chismoso ahora forma parte de ella.

—Me estás viendo raro, Kinleigh.

Entrecierra los ojos y camina hacia mí con un plato en cada mano. Deja ambos sobre la mesita y se devuelve a la cocina por los vasos con jugo. Cuando vuelve a la sala, Nathaniel ya ha dejado de comer y ella se ofrece a sacarle los cólicos.

—Se te enfriará la comida.

—¿Y tú comiste algo desde el almuerzo?

No.

Porque Alejandro y yo hablamos y luego nos dormimos con Nate y después él se fue apenas Kin llegó. Dijo que tenía que arreglar unas cosas en el apartamento nuevo.

—Dame al bebé, Nora, y come.

Ruedo los ojos.

—Sí, mamá.

Me cubro el pecho y le doy a Nate, que está desparramado en mis brazos con la boquita entreabierta. Kinleigh lo carga como si hubiera dedicado su vida a ello, lo acomoda en sus brazos con cuidado y experiencia mientras le habla. Murmura algo bajito cuando empieza a moverse. Entonces algo me golpea con fuerza: claro que Kin sabe cómo cargar y cuidar a un bebé, porque ella cuidó, cargó y cambió a su hermanita cuando ella, mi amiga, era una niña.

Me pasa, muy ágilmente, uno de los platos de comida y sonrío viendo a mi amiga con mi bebé. Verla así me confirma que si algún día, por alguna razón, Alejandro y yo no estamos, ella podría cuidar a mi bebé de la manera más pura posible.

—Bonito anillo —suelta de repente.

Toso, atragantándome con el pollo.

Esa es mi respuesta a por qué me veía raro.

—Supongo que es la razón por la que esa sonrisa bobalicona no se borra de tu rostro y el por qué Alejandro salió de aquí con una sonrisa de oreja a oreja.

Tomo un poco de jugo.

—¿Algo que quieras contarme?

Me meto un buen trozo de pollo a la boca. Kinleigh se ríe y se sienta a mi lado con mi bebé dormidito sobre su pecho. No dice nada mientras golpea suavemente la espaldita de Nate y me ve comer. Sabe cómo ser necia e intensa cuando se lo propone.

Querida NoraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora