«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
NORA
Nora, 24 años Alejandro, 27 años
Sonrío viendo al tipo alto de cabello negro a la distancia.
Hace un rato, sentí que alguien me veía y cuando volteé, me encontré con el que quizás pueda ser el hombre más guapo que he podido ver en toda mi jodida vida. Y para nadie es un secreto que he visto y conocido muchos hombres guapos... al menos para Kinleigh, no es un secreto.
Desde donde estamos, lo único que puedo apreciar, es su estatura y la contextura de su cuerpo. Es alto, de tez blanca y delgado, pero puedo notar que tiene un cuerpo trabajado por su espalda ancha. Luce como ese tipo malo de los libros, vestido todo de negro excepto por la camisa blanca y lisa debajo de esa chaqueta de cuero.
—Ese tipo de allá —hablo llamando la atención de Kinleigh, que se voltea para ver hacia donde señalo —. Me está viendo, ¿verdad?
—¿Quién? —responde, entrecerrando los ojos.
—Ese que está allá, medio recostado a la barra y con un vaso en la mano.
—Creo que sí.
Sonrío por dos cosas, uno: por confirmar que él me ve, y dos: por el acento marcado de Kin. Joder, el acento de mi amiga me fascina. Conozco a Kinleigh desde hace dos años, y aunque ella es más tranquila que yo, hemos sabido llevarnos bien, haciendo excepción del día que la conocí. Creo que su cara de pocos amigos ese día se debió a que la asusté.
—Ya vengo —le digo a Leigh y antes de que ella pueda preguntar, me alejo caminando hacia barra.
En el camino me arreglo el vestido negro que se adhiere a mi cuerpo como una segunda piel. Mi mirada está fija en este tipo que cuando se percata de que me acerco, sonríe. Y maldición, nunca en toda mi jodida perra vida había visto una sonrisa ladeada tan baja bragas y bonita como esa. Sin embargo, a pesar de que esa sonrisa que promete muchas cosas, me llama, no voy hacia él directamente.
Sigo mi camino hacia el baño y siento sus ojos clavados en mi espalda y culo, viendo por encima del hombro, lo encuentro aún sonriendo y debo darme una palmadita orgullosa en el hombro, porque así, termino de confirmar que tengo su atención.
Aunque la tenía desde que estuve bailando muy sensualmente con Leigh.
Saco el labial rojo que llevo en medio de las tetas y viéndome en el espejo, me aplico un poco, haciendo que mis labios pequeños y rellenos, luzcan más carnosos. Me arreglo el cabello, me acomodo la ropa y me sonrío a mí misma.
Estoy guapísima.
Satisfecha por mantener mi look después de haber bailado por horas con Leigh, salgo del baño, y sonrío al notar que mi chico coqueto y misterioso sigue ahí en la barra. Si la gente pudiera leer mis pensamientos, seguro estarían juzgándome, poco me importa, a decir verdad, pero joder, mi mente loca hasta a mí me sorprende a veces.