Capítulo 45

2.6K 182 47
                                        

CAPÍTULO 45 ALEJANDRO

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

CAPÍTULO 45
ALEJANDRO

Veo la hora en mi reloj preguntándome en qué momento va a terminar esta reunión.

Nora me llamó hace unos pocos minutos, Kinleigh me llamó dos veces hace cinco minutos y... está llamando otra vez. Comparto una mirada con mi padre, quien se ha encargado de la firma durante mi ausencia. Asiente levemente, me levanto de la mesa, me alejo un poco y contesto. La mirada de mi padre, la de Abel, mi hermano mayor y la de Mark, mi compañero más cercano, fijas en mí.

—Tienes que ir al hospital —es lo primero que dice.

—¿Qué?

—El bebé —suenan cosas al fondo y parece que ella está corriendo —, ha pasado algo. James y yo vamos para el hospital con Nora. Tienes que ir. Ya.

La vista se me empaña y debo tragar antes de hablar porque de repente siento un nudo en la garganta. Me paso una mano por la cara y camino por la esquina de la sala de juntas.

Ya no solo ellos tres me observan, sino todos los socios. Y es incómodo.

—¿Qué?

—El bebé, Alejandro —repite y de fondo se escucha una puerta ser cerrada —. Va a nacer. Tienes que ir al hospital.

Asiento como si ella pudiera verme.

—Al hospital. Sí. Ya voy. —Murmuro un poco desconcertado y tratando de procesar lo que me dice porque aún faltan semanas —¿Ella está bien?

—Sí —otra puerta se cierra.

—El bebé va a nacer —susurro. Incrédulo —. Ya voy.

Las jodidas lágrimas me recorren las mejillas.

—Alejandro —me llama antes de que pueda colgar —. No te accidentes esta vez, por favor.

Me rio en medio de las lágrimas. Eso sí que es humor.

—No me jodas, solecito —murmuro y ella ríe —. Pero no te preocupes. Ya voy. Dile que ya voy.

Me tiemblan las manos cuando cuelgo la llamada. Me siguen temblando cuando guardo el celular en mi bolsillo. Y lo hacen cuando me las paso por la cara para limpiar las lágrimas. El corazón me late desbocado y creo que no estoy respirando correctamente.

Faltan semanas aún.

Pero va a nacer y Nora me necesita.

Nora me necesita.

—Debo irme —murmuro cuando me giro —. Debo ir al hospital... yo... mi novia... mi bebé... debo irme.

—Vamos contigo —dice papá. Él y Abel se ponen de pie, seguidos de Mark.

—Yo terminaré aquí. Vayan.

Es todo lo que necesito oír para salir de la oficina corriendo, seguido de mi padre y hermano. Casi se me caen las llaves del auto cuando las saco del bolsillo de mi pantalón y me ordeno a tranquilizarme si quiero llegar a tiempo. Debo llegar. No puedo fallarle a Nora de nuevo.

Querida NoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora