«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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CAPÍTULO 36 NORA
—¿Qué haces aquí? —pregunto entre risas cuando Greg, me abraza y me alza sin dificultad alguna.
Me sorprende verlo, se supone que solo papá y mamá vendrían. Papá para llevarse ciertas cosas en el auto, como a Elliot, y mamá para acompañarme en el viaje en avión. Aún faltan semanas, pero está paranoica pensando que algo podría suceder.
Greg finalmente me deja en el suelo y pasa su mano desinteresadamente por mi vientre.
—No podía dejarte sola con ese montón de mierda que necesitas llevarte.
Arrugo las cejas.
—Mamá y papá están aquí.
—Corrijo: no podía dejar que papá emprendiera solo ese viaje de regreso a Nueva York con todas tus mierdas.
—No le digas mierda a mi tortuga, idiota.
Enarca las cejas.
—Es su tortuga, Nora. —Le sostengo la mirada un par de segundos. Sus ojos son igual de oscuros que los de papá y a veces resultan intimidantes, pero su mirada cambia cuando me sonríe —. Por cierto, escuché que Kinleigh te hizo una visita fugaz de un día y medio.
—Ah, sí. Ya sabes cómo es. —Entrecierra los ojos y yo sonrío —. Vamos, entra. Solo faltan un par de cosas, mamá y papá me están ayudando con lo más pesado.
Cierro la puerta cuando entra y me alejo lo más rápido posible de mi hermano. De lo contrario terminaré contándole por qué Kin vino y no quiero decirle que Alejandro volvió, sería capaz de devolverse en este instante a Nueva York, llamar a Mike e ir a ambos a buscar a Alejandro solo para «darle su merecido». Ya no sé si lo odio, pero incluso si ese fuese el caso, no me gustaría que mis hermanos dejen malherido al papá de mi bebé.
He pensado muchísimo desde el martes que Kin estuvo aquí y me soltó esa bomba. Pensé que influirá en mi decisión de volver, pero no fue así. Me dije a mí misma que soy lo suficientemente madura por si decidía verlo y llegué a la conclusión de que, aunque yo no quisiera admitirlo, mi rubia tenía razón: Alejandro y yo nos debemos esa conversación. Yo merezco saber qué sucedió, porqué no llegó y él merece saber que uno de sus espermatozoides ganó la carrera y fecundó mi óvulo. Ya así él decidirá qué hacer. Yo decidiré qué hacer.
No sé si volvamos, pero sé que si él lo desea, le dejaré ser parte de la vida de Nate. Solo a él. No a la perra manipuladora de su mamá.
—¡Nora! —mamá me llama desde mi habitación. Le doy una sonrisa a mi hermano que sigue viéndome con desconfianza y voy donde mamá.
—Dime, señora.
Rueda los ojos divertida y señala la cama. Mejor dicho, la caja pequeña que descansa sobre la cama.