«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
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Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
Este extra debía ser publicado el día que llegamos a los 100k de lecturas, pero no estaba listo. de hecho, les quedo debiendo una parte, pero ya se hacía muy largo, entonces decidí dejar lo bueno para el final.
También les cuento que ya no hay más capítulos de la versión anterior, así que de ahora en adelante serán cosas que pasaron después de la versión de la historia ya conocido o si quieren, me pueden dejar aquí qué quieren ver de Nora y Alejandro antes de lo que ya vimos♥️
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Nora
Llevo unos seis meses hablando con Alejandro, teniendo sexo casual en su auto... bueno, eso solo ha implicado sexo oral, porque por alguna razón me niego a acostarme con él.
Y no sé porqué.
Lo he dejado meterme los dedos, lo he dejado comerme el coño como si fuese un hombre hambriento y me ha dejado chuparle el pene, entonces, ¿por qué diablos no puedo acostarme con él? Quiero decir, dejarlo hundirse en mí, como tantas veces me ha expresado.
Es sexo, por amor a Cristo. Es algo que he hecho con otros sin preocuparme demasiado. Si fuese otra persona ya nos hubiéramos acostado. Quizás ya hasta hubiera dejado de hablarle. Es sexo, acordamos no meter sentimientos, pero... creo que hay sentimientos e interés más allá del sexual. Porque él viene a verme, me trae helado, me deja hablar, habla con Kinleigh, hemos dormido, de verdad, dormido juntos y... conoció a mamá.
Hace una semana, mamá estaba aquí, con Kin y conmigo, y él llegó de sorpresa. Con helado. Vistiendo una camisa de botones con los dos primeros sueltos y un pantalón de vestir. Con su cabello azabache desordenado y un mechón cayéndole sobre la frente. Con su cadena de oro alrededor de su cuello y esa cruz colgando sobre su pecho. Con su coquetería, sus guiños y su sonrisa perfecta. No manifestó ninguna reacción de pánico cuando los presenté. No. Él sonrío, la saludó de un beso en la mejilla y le dijo que esperaba ganarse mi corazón. Kinleigh se rió cuando le apreté la mano, durísimo. Y mamá rió por las palabras de Alejandro, que no apartó su mirada de mí mientras lo decía. Le cayó en gracia al instante a mi madre. La hizo reír y tuvo el descaro de avergonzarse cuando mencioné que mamá sabía que él ya me había metido los dedos en un bar y... en otras ocasiones.
Quizás solo un par de los tipos con los que he salido conocieron a mi madre, pero ninguno le cayó tan bien como Alejandro ese día. ¡Hasta se ofreció llevarla a casa! Pero mamá se negó porque papá pasaría por ella.
Y sí, Alejandro conoció a papá ese día también.
Y creo que palidecí más que él.
No voy a mentir y decir que no lo vi intimidado por mi papito, porque la verdad es que sí se asustó. Mi papá es grandísimo, fornido y demasiado serio. Vio a Alejandro de pies a cabeza y estrechó su mano demasiado fuerte, pero Ale no dejó de devolverle la mirada y sonrió en todo momento. Incluso cuando papá con una voz ronca y amenazante le preguntó que quién era él y qué hacía ahí.