CAPÍTULO 18
NORA
Debería de estar alistándome para ir a trabajar.
Pero cuando cumplo años me gusta darle regalos a las personas que me rodean por haber pasado un año más de mi vida conmigo. Es como... un agradecimiento por soportarme en sus vidas cada año que pasa.
Y desde hace un buen tiempo la primera en recibir un regalo de mi parte es Kinleigh, porque vivimos juntas claro.
Yo no soy tan buena con los detalles hechos a mano, quiero decir, ella suele darme dibujos o cartas, yo no. Yo soy más de irme por lo material, pero con cositas pequeñas, esas que tengan significado, que los demás puedan usar y que cuándo lo vean, se acuerden del momento en el que se los di. Solo que ahorita Kin está dormida y debo dejar la bolsita, en la que hay una pulsera con un colgante de una rosa, junto con una notita en la que solo le doy las gracias e hice unos dibujos de palito que somos ella y yo, sobre su mesita de noche.
Sonrío satisfecha al salir de su habitación sin haberla despertado y sonrío más al ver la pulsera en mi muñeca. Le di a ella una con una rosa y yo hice una con un girasol para mí. Me vi cientos de tutoriales sobre cómo hacer pulseras solo para poder decir que yo las hice. Que después no digan que no le pongo esfuerzo a las cosas.
Guardo en mi bolso el regalo para Alejandro y me aseguro de tener todo lo que necesito antes de ir a bañarme. Cuando estoy lista, le dejo una nota a Kinleigh pegada en el refri en la que le hago saber que la veré en el hospital o hasta mañana. Aunque creo que eso último ella ya lo sabe porque ha mantenido su secretismo con mi Ale desde aquel desayuno en D'Rose.
¡Oh! Casi lo olvido. Debo pasar por D'Rose. Es obvio que esa mujer también tiene un regalito y debo recoger una caja de cupcakes que ordené para darle a James. Digo, ¿qué se supone que puedo darle? Ya lo dejo tener a Kinleigh un par de veces a la semana. Pero amará los cupcakes. Lo sé.
Me gusta cumplir años, me gusta leer los mensajes de mis padres y los idiotas de mis hermanos o escuchar los audios de mi sobrino cantándome la canción con su vocecita dulce, pero sobre todas las cosas, me encanta ver, leer y escuchar todo lo que Alejandro me manda. En especial los mensajes de ayer en la noche que no vi. No es el mejor cantante, es desafinado, de hecho, pero su voz ronca y baja me causa escalofríos especialmente cuando me hace promesas que sé que cumplirá.
—Ya extrañaba por aquí una sonrisa tan radiante como esa. —La voz de Rose me sobresalta, pero segundos después mi sonrisa se hace más grande cuando ella me da un abrazo cálido —. Feliz cumpleaños.
—¡Gracias! Tengo algo para ti. —Busco en mi bolso y le extiendo una bolsita —. Ya sabes, el regalo anual por aguantarme.
—Por Dios, Nora. —Se ríe, abriendo la pequeña bolsa. Saca la pulsera y sonríe con ternura —¿Lo hiciste tú?
—¿Se nota? —Ambas reímos y me siento feliz cuando ella se pone la pulsera. La suya es de piedra ágata no sé qué cosa, según me dijeron en la tienda, solo sé que las piedras son rosadas. Por alguna razón cuando pienso en Rose el color rosado viene a mi mente.
—Está bonita, gracias. —Sonríe —. No creas que me he olvidado de tu regalo, pero te lo daré el día de la fiesta.
—No hay problema. —Sonrío —¿Ya están los cupcakes?
—Sí, sí. Espérame aquí.
Tomo asiento mientras ella se aleja de mí y reviso mi celular. Alejandro me ha escrito de nuevo y yo sonrío como idiota.
MGDOG:
No sé cuántas veces te lo he dicho ya ni
cuantas otras más te lo diré en el transcurso
del día, pero feliz cumpleaños, amor.
Soy un hombre afortunado por el simple
hecho de que me permitas celebrar contigo
y a tu lado una fecha que te gusta tanto.
Te amo ayer, hoy y siempre, gatita.
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Querida Nora
Romance«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero, hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos: nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio. * Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche. Nora...
