«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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CAPÍTULO 23 NORA
Los vidrios del auto están empañados y mis dedos quedan marcados en la ventana cuando apoyo mi mano en ella.
Alejandro besa mi cuello y hunde sus dedos en mis caderas, guiando mis movimientos sobre él, mientras mi nombre abandona sus labios en un jadeo desesperado que me causa escalofríos.
«Kate nos espera» eso dijo antes de detener el auto a un lado de la calle, soltar mi cinturón de seguridad y decirme, ordenarme que me sentara en sus piernas. Me parece que estaba y está demasiado celoso como para esperar a que nuestra cena con su compañera terminara y luego ir a casa.
Dios, es que hasta tenía los nudillos blancos de lo fuerte que apretaba el volante y tenía la mandíbula tan tensa que juré iba a quebrarse los dientes por la fuerza que ejercía.
La misma fuerza con la que ahora me toma.
En el auto.
Estacionado a media calle.
Donde cualquiera puede vernos.
Cuando él mejor que nadie sabe que nos exponemos a una multa por esto.
Pero que me siga jodiendo porque Alejandro tomándome de esta forma mientras los celos se lo comen vivo es lo mejor que me ha pasado en toda mi perra vida. Es duro y descuidado. Es fuerte y profundo. Es mucho solo en cuestión de cortos minutos.
Su boca abandona la mía, una de sus manos se enreda en mi cabello y besa mi cuello antes de bajar sus besos a lo largo de mi pecho hasta mis senos. Pasa la lengua por uno de mis pezones y luego, envuelve los labios en mi pezón y lo chupa. Gimo. La atención que Alejandro le brinda a mis senos siempre es embriagadora. Siempre me lleva al borde. La manera en la que se prende de ellos, los lame, los chupa y los toca siempre logra deshacerme.
No sé cómo ni cuándo, pero ahora estoy yo con la espalda apoyada en el asiento del auto y él sobre mí. Su cadena cuelga sobre mi rostro y los músculos de sus manos están tensos mientras sujeta mis muslos a ambos lados de sus caderas.
—No me agrada —jadea, apartándose. Me sujeta de las caderas, manteniéndome en mi lugar y sale casi del todo para después empujar contra mí. Entra con fuerza y profundo. Me sujeto a sus hombros, jadeando —, como él te ve, no me agrada. —Besa mis labios —. No quiero que te vea de esa forma, ¿entiendes? —Vuelve a salir y de nuevo, me embiste con fuerza.
Un gemido roto sale de mis labios.
Estoy deshecha.
Lo sabe.
—No puedo controlar como me ven, Alejandro. —Mis palabras hacen algo en él y mi cuerpo entero se estremece cuando empuja fuerte de nuevo. Hundo las uñas en sus brazos, haciéndolo quejarse.
Su vaivén descuidado me mantiene en el borde y cuando en medio del placer sonrío burlona su mirada grisácea se oscurece. Fijo mi mirada en él, en sus facciones y músculos tensos, en su mirada, en su cabello despeinado, en sus respiraciones agitadas y su rostro sonrojado.