Capítulo 27

1.7K 107 19
                                        

CAPÍTULO 27NORA

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

CAPÍTULO 27
NORA

Alejandro había dicho que nuestra cita era en un restaurante y yo deduje que, como tuvimos que vernos antes, la había cancelado. Pero luego, antes de venir, mencionó algo sobre la tina y lo que pensé es que íbamos a llegar a bañarnos y ya.

Pero parece que pensé mal. Porque en su casa está todo bonito, acomodado y decorado, bueno... solo unas cuantas velas, pétalos de rosa en el suelo que guían hasta el... baño. Las luces ahí están apagadas, igual que en la sala, son velas las que iluminan la estancia y dentro de la tina, perfectamente llena, hay pétalos de rosas.

Me giro y lo encuentro de pie en la puerta del baño, recostado contra el marco de la misma. Tiene los brazos cruzados y eso hace que la camisa blanca manga larga se ajuste en sus bíceps. Lo veo a los ojos. Esos preciosos ojos grises que chispean con diversión y luego veo sus labios perfectos curveados en una sonrisa ladeada y pícara.

—Pensé que nuestra cita era fuera de casa o que solo llegaríamos a bañarnos.

Su sonrisa socarrona crece.

—Tuve ayuda para hacer todo esto.

Sonrío, sabiendo muy bien quién lo ayudó. Estira una de sus manos hacia mí y yo sin dudarlo la sujetó. Alejandro entrelaza nuestros dedos.

—Pero antes de bañarnos debemos...

—¿Ensuciarnos? —sugiero.

—Comer.

Hago una mueca.

—Le pedí a Leigh que nos ordenara comida, porque tendremos nuestra cena y hablaremos de cualquier cosa, menos de todo lo que está pasando. Porque quiero que hoy te sientas mejor.

Debe de haber alguna forma de explicarle con algo más que palabras que lo que me hace sentir mejor es él. Es tenerlo a mi lado, es verlo sonreírme, besarme y abrazarme.

Yo no necesito hablar, lo necesito a él siendo él. Siendo mi Ale, mi guapo de ojos grises, el tipo que es paciente por mí y para mí. Solo necesito que me sostenga entre sus brazos, me diga que todo estará bien y yo voy a creerlo.

—No quiero hablar ni pensar en nada que no seamos tú y yo en este momento, Alejandro.

—Bien, porque mi plan es ese precisamente.

Sonrío y acorto nuestra distancia. Rodeo su cintura con mis brazos y él rodea mis hombros antes de besar mi frente. Fija sus ojos en los míos, y como cada vez que eso sucede, yo me pierdo en el mar gris de los suyos. En sus ojos color tormenta. En sus ojos de color frío, pero que no me muestran nada más que calidez.

Su mirada baila por todo mi rostro y me observa divertido.

—¿Recuerdas que la primera vez que dije que te quería, lo hice de forma casual? Como si fuese algo que te hubiera dicho desde toda la vida.

Querida NoraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora