«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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CAPÍTULO 32 NORA
6 meses después
Pongo la mano sobre mi abultado vientre, me acomodo de lado frente al espejo y capturo la foto con la cámara Polaroid que compré desde el primer mes. Sonrío satisfecha cuando la oscuridad del papel desaparece y veo la foto.
Me gusta.
Escribo la fecha de hoy en el extremo blanco y finalmente guardo la foto en el álbum.
Cuando asimilé el cambio que se venía a mi vida decidí crear un álbum de fotos para así poder recordar este momento después. Digo, no creo ni quiero que esta situación se repita, entonces mejor guardo fotos para el momento que mi bebé crezca y tenga curiosidad. Esta foto marca el inicio del sétimo mes. Es decir, tengo ya 28 semanas de embarazo. Y no puedo creer lo rápido que transcurre el tiempo.
Me paso la mano por el vientre mientras me veo en el espejo. Me veo muy distinta a lo que era hace seis meses. Es obvio, mi cuerpo ha cambiado un montón para adaptarse a esto. Pero fuera del vientre abultado, las caderas un poco más anchas y mis tetas pesadas, hay algo distinto en mí. Quizás un aire más relajado, más feliz. No lo sé, pero sí estoy segura de que soy una Nora muy distinta a la de hace unos meses. A la Nora de hace años que se negaba a vivir esto.
Hace mucho tiempo que no soy la chiquilla estúpida de diecisiete años que buscó la atención de un tipo compartiéndole fotos íntimas. Tampoco soy la universitaria segura de sí misma, pero desconfiada con los hombres que solo basaba sus relaciones en sexo. Ahora soy una mujer de veintisiete años, con un trabajo estable, que vive la pérdida de la relación más pura y bonita que tuvo, que siente el corazón roto y llora cada que lo recuerda, pero también es esta mujer que sabe que debe mantenerse fuerte por ella misma y por un bebé que depende total y completamente de ella.
Me digo que estoy y soy feliz, aunque a veces no me sienta así. A veces, cuando veo las fotos diarias que me tomo en mi celular y veo de más, me doy cuenta de cuánto lo extraño. De cuánto desearía que esté a aquí. Lloro recordando que no llegó ese día y luego el llanto se convierte en enojo porque esta es la fecha y él no me ha buscado. Yo lo hice, yo lo busqué porque fui consciente de que independientemente de lo que pasara entre nosotros, merecía saber que sería papá, pero ni sus hermanos ni su padre saben dónde está.
Es como si la tierra se lo hubiera tragado.
Le escribí cientos de veces, lo llamé cientos más y ninguna de ellas respondió. Lo pensé el día de su cumpleaños, en Acción de Gracias, en Navidad y en Año Nuevo, deseé que apareciera en alguna de esas fechas y... no fue así. Incluso pensé que sabría de él por medio de Kinleigh, pensé que le escribiría a ella en su cumpleaños o que le escribiría a mi mamá en suyo, pero no. Tampoco fue así.
Y conforme todos esos días pasaban mi amor por él se convirtió en resentimiento. Dije muchas veces en medio de lágrimas, acostada al lado de Kinleigh o en los brazos de mis padres, que lo odiaba. Lo repetí tanto que ahora lo creo. Lo amo, muchísimo, pero lo odio un poco más. Porque me hizo promesas, me hizo confiar, me bajó las jodidas estrellas y... ahora estoy aquí.