«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
CAPÍTULO 33 ALEJANDRO
Inspiro profundo al abrir la puerta de mi apartamento.
Seis meses han pasado desde la última vez que estuve aquí.
Y finalmente siento... paz. Como ese soplo de aire fresco que salía a buscar al patio de la casa de mi madre, pero que con el pasar del tiempo dejé de conseguir porque empecé a sentirme encerrado.
Ya necesitaba mi espacio, mi tranquilidad, mi soledad, mi...
—Alejandro, ¿qué haces de pie en media entrada? Ayúdame con estas cosas. —Suspiro con pesadez.
He ahí la causa de mi sensación de encierro.
Seis meses solo con ella me han recordado porque decidí irme de casa apenas pude. Mi madre es intensa, joder. Intensa hasta el cansancio.
—Alejandro —vuelve a llamarme.
Recojo las cinco bolsas que he dejado en el suelo antes de abrir y le quito las otras dos que ella trae.
—Gracias por acompañarme, mamá. —Dejo las bolsas sobre la isla de la cocina y me giro para verla. Está de pie en medio de la sala, con las manos en las caderas.
En mi mente, mi madre era una mujer que cuidaba su imagen, siempre maquillada, el cabello peinado y arreglado a la perfección y en su vestimenta pulcra, nunca se veía ni una sala arruga. No es que ahora mi madre se vea desaliñada, pero su apariencia es un poco menos... perfecta. No está maquillada como solía hacerlo, su cabello no está planchado ni arreglado con ondas como antes, la blusa le queda un poco grande y me parece que en su enagua hay varias arrugas.
No logro descifrar a qué se debe ese cambio en su apariencia.
Ni siquiera he podido descifrar lo que era mi vida antes del jodido accidente, ¿cómo pretendo saber qué le pasa a ella si no me lo dice? Si es ella quien ha tenido que decirme detalles importantes de mi vida porque yo no soy capaz de recordarlos por mi cuenta.
—Iré a darme una ducha. —Ella asiente y cuando paso por su lado, me acerco a darle un beso en la frente. Es cierto que me tiene un poco sofocado con su sobreprotección, pero quizás la entiendo un poco. O intento hacerlo.
No creo que recibir una llamada diciendo que tu hijo tuvo un accidente, y después escuchar que deben llevarlo a sala de operaciones de emergencia por una jodida hemorragia interna, y para agregar la cereza al pastel, te digan que su corazón se detuvo en cirugía, sea algo que quieras vivir.