«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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CAPÍTULO 46 ALEJANDRO
Nora y Nathaniel ya están en una habitación que en de menos de una hora se llenó de globos. Su familia está ahí junto a ellos, mi padre y mis hermanos se quedaron afuera y yo... necesito respirar.
Así que, sin que Nora se de cuenta, salgo de la habitación por un poco de aire. No llego muy lejos, ni siquiera obtengo el aire fresco que busco. Es como si ahora que la adrenalina ha pasado mi mente procesara mejor lo que acaba de pasar: me acabo de convertir en papá. Soy el papá de un bebé sano y precioso al que su madre intenta alimentar. Su madre, la mujer que amo y con quien cuyos recuerdos no están tan presentes en mi cabeza como me gustaría.
Quizás no importe ahora, quizás desde que volví a su vida hemos estado creando nuevos y quizás hoy, marca un antes y un después en nuestras vidas, pero quiero recuperar las memorias de cuando solo éramos dos. Porque a partir de hoy somos tres. Y adoro esa idea, adoro que a nuestro dos se le uniera en extra que nosotros creamos, pero... quiero saber con exactitud qué fuimos antes. Estoy cansado de saber solo lo que me dicen, de solo recordar y quedarme con eso y no tener los detalles, no importa cuánto ellos se esfuercen por contármelo todo, yo quiero recordar por mi cuenta.
Ahora más que nunca quiero hacerlo.
Recuesto la espalda en una de las paredes del pasillo vacío en el que me encuentro y me deslizo por ella hasta tener el culo en el suelo.
Quiero que dentro de unos años, cuando Nathaniel esté grande y me pregunte por su mamá, yo poder decirle cómo era cuando la conocí. Quiero decirle cómo la conquisté, cómo me gané su corazón, quiero contárselo todo sin tener que recurrir a nadie para que él sepa cómo tratar a una mujer en un futuro. Quiero contarle cómo es que alguien como yo terminó con una mujer como su mamá.
¿Cómo diablos hago eso si no recuerdo casi nada de mi relación con ella? Se siente raro pensar que tendré que decirle lo que otros me han dicho. Se siente extraño porque no recuerdo haberlo vivido.
Hasta imaginarme ese momento es horrible. Porque veo a Nathaniel llegando un día y decirme: «papá, ¿cómo puedo decirle a una chica que salga conmigo? ¿Cómo se lo pediste a mamá?» Y yo tener que responder: «bueno, hijo... según tu mamá yo...» no, no quiero eso. Quiero que mi hijo sepa que yo amé a su mamá desde mucho antes de que él llegara.
Con la palma de la mano me doy unos golpecitos en la frente, como si de esa forma, mágicamente, voy a recordar.
No importa que tan completo me sentí hace una hora, con Nora y Nathaniel a mi lado, con Nora sonriendo y Nathaniel llorando. Me faltan piezas. Me faltan mis jodidos recuerdos. Y no sé cómo recuperarlos. ¿Y si nunca lo hago?
—¿Alejandro? —Me limpio el rostro con las solapas del traje cuando mi nombre es pronunciado bajo un fuerte acento inglés. No tengo que levantar la cabeza y pasar por la vergüenza de que me vea con los ojos rojos para saber quién es —¿Está todo bien? ¿Qué haces aquí?