«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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Nora
Con ayuda de mis pies e impulsándome con los codos, me hago más hacia el centro de la cama, posicionándome tal y como Alejandro me lo pidió: con las piernas abiertas. Mis rodillas están flexionadas y distanciadas la una de la otra, dándole a él una visión muy expuesta y explícita de mi centro necesitado.
Mi respiración se vuelve más pesada a medida que veo como Alejandro se deshace de su pantalón. No dejo de ver sus bíceps tensos ni las venas de sus manos cuando desliza el pantalón y los boxers grises por sus muslos. Estaba tan preocupada por haber caído en su juego que no me había percatado de lo excitado y duro que estaba. Su miembro, largo y grueso con venas a su alrededor, que ya he visto en más de una ocasión, no deja de ser algo bueno de admirar. Solo que esta vez, luce como más. Parece que duele por el deseo y la necesidad contenida. Parece que él de verdad desea esto tanto como yo.
Siento su mirada recorrerme el cuerpo de la misma forma indecorosa en la que yo recorro el suyo. Los pezones se me endurecen un poco más solo por la manera en la que fija sus ojos en ellos y mi entrepierna chorrea en su cama por la necesidad. Por la expectativa. Por las ganas que tengo y siento de querer tenerlo sobre mí, dentro de mí, tocándome, besándome, haciéndome suya.
Alejandro me sujeta de los tobillos y me jala hacia él, que se hinca en medio de mis piernas abiertas. Suelto un suspiro entrecortado cuando pesa mi tobillo y asciende por mi pierna, dejando besos hasta que está completamente sobre mi cuerpo, sosteniendo su peso con las manos a los lados de mi cabeza, su pene rozándome en medio de los muslos y una de mis piernas sobre mi hombro.
No soy la persona más flexible, pero creo que la excitación hace cosas maravillosas.
—¿Sabes lo mucho que he soñado con tenerte así, Nora? ¿La cantidad de veces que he tenido que llegar a mi casa y jálarmela pensando en ti y en lo necesitado que me dejabas todo el tiempo? —Hace un movimiento en la cadera como si me penetrara, pero solo siento su dureza rozar mi entrepierna —. Estoy seguro de que no tienes ni idea de los cientos de veces que deseé hacer más que comerme este delicioso coño que tienes —empuja sus caderas de nuevo, rozándose más contra mí.
Me muerdo los labios y clavo mis uñas en su espalda.
—Me he preguntado si te sentirás tan apretada alrededor de mi polla como te sientes alrededor de mis dedos.
No deja de verme a los ojos mientras me habla y no creo que exista nada más excitante que esto: sus palabras sucias mientras me ve fijo a los ojos.
—¿Qué más?
Sus ojos chispean con emoción.
—No he dejado de imaginarme cómo te verías con mi mano como collar alrededor de ese cuello bonito mientras entro y salgo de ti. Duro. —Baja unos segundos la vista a nuestras entrepiernas —. Mira cómo estás.