«No dejemos que nuestra historia termine como un cuento efímero,
hagámosla tender a infinito, yo sé que podemos:
nuestro amor es capaz de eso y más». -Manuel Ignacio.
*
Nora y Alejandro empezaron su relación como algo fugaz, algo de una noche.
Nora...
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CAPÍTULO 14 NORA
Estar con a regla y venir a trabajar debería ser ilegal.
Odio esta mierda. Odio sentir que me desangro por siete jodidos días todos los meses. Lo odio. Siento que con cada paso que doy me sale... todo. Y aunque llevo dieciséis años en esté sufrimiento llamado: ser mujer y menstruar, no me acostumbro a ello y todo el tiempo pido porque esto solo sucediera un día al mes.
Dejo el expediente de mi pacientito en el escritorio de enfermería y pido que me llamen ante cualquier eventualidad.
Recuesto mi peso en el escritorio y suelto un suspiro pesado. Debo ir a hablar con James sobre algo que sucedió con un médico de guardia, pero necesito un momento antes de hacerlo. De verdad siento que si me mueve se me saldrá todo.
Creo que en estos momentos necesito que Alejandro esté pegado a mi como una jodida garrapata, porque ayer en la noche que estuvimos juntos fue él quien calmó mis dolores y necesidades. Yo no creía que tener sexo durante la menstruación de verdad ayudara con los cólicos menstruales, hasta que un día le comenté a Ale que lo escuché y cuando pensé que iba a asquearse, solo enarcó las cejas, sonrió y dijo: «avísame cuando quieras comprobarlo». Obviamente no le avisé nada, pero sucedió una vez que estaba muriéndome y quejándome del dolor que él dijo que quizás deberíamos de poner a prueba aquello que le dije.
La primera vez fue un poco... desastroso. La segunda vez fue un poco mejor y después de la tercera dejé de pensar en lo que hacíamos y solo disfruté. Y a pesar de lo que la gente piensa, sí es placentero y sí ayuda.
Una voz suave y con un acento marcado se acerca caminando en mi dirección. Obviamente reconozco el acento de mi rubia, pero segundos después, confirmo que es ella cuando siento su perfume. Me parece que dice el nombre de mi novio, pero no estoy segura. Estoy concentrada recordando la noche anterior con Alejandro para ver si acaso mi incomodidad se aplaca.
Pero Kin vuelve a decir su nombre y luego dice que hablarán después. Eso me llama la atención. Desde el día que desayunamos en D'Rose, hace como tres semanas, están misteriosos y no me dicen nada.
—¿Estás bien? —cuestiona a mi lado.
Sacudo la cabeza.
—La jodida regla está matándome —murmuro en respuesta —¿Ya vas a contarme qué tanto cuchicheas con mi novio?
Sonríe.
—No. Es un secreto.
Ruedo los ojos.
—No eres divertida, Kinleigh —me quejo —. Yo te cuento todo.
Ella enarca las cejas y sonríe divertida.
—¿No te he dicho ya que hay una diferencia entre ser divertida y ser chismosa?