37 | Siempre la dama nunca la novia

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Serena

— La junta con los inversionistas será en media hora. Los Cooper quieren verla así que agendé una cita para mañana. La revista necesita una confirmación para su entrevista, ya me enviaron las fotografías y están a la espera de su elección.

La voz de Lilian, mi asistente me retumbaba la cabeza. Era muy eficiente y eso me agradaba mucho. Su eficiencia me era de gran ayuda ya que podía mantener mi mente ocupada.

Recibí los documentos que me tendió y ella salió de la oficina. Papeles y más papeles, mi escritorio estaba lleno de ellos, los cuales debían estar organizados para antes de mi junta.

Organicé rápidamente y tomé aquellos que necesitaba. Salí de mi oficina caminando con seguridad a la sala de juntas, siento como la falda de tubo se amolda a mis caderas. Usar este tipo de faldas y blusas formales ya se había vuelto costumbre desde que comencé a hacerme cargo de la empresa.

Al año de graduarme, mi padre me cedió las acciones de la empresa y durante dos años he estado a cargo de todo en Estados Unidos.

Nuestros bancos se expanden a nivel mundial y hay varias cedes, antes éramos varios accionistas en Estados Unidos donde inició todo pero en los últimos tres años muchos desistieron dejándome a mi como dueña mayoritaria.

Y hay alguien más.

Llegué a la sala de reuniones notando que yo era la primera persona ahí, era algo bueno. Tomé asiento y los inversionistas comenzaron a llegar.

La reunión fue rápida ya que solo revisaríamos detalles de la apertura de otro banco en New York así que salí de ahí dirigiéndome a mi oficina de nuevo.

Lilian me interceptó y se unió a mi caminata— Hablaron del aeropuerto solicitando su permiso para usar el jet.

Detuve mi caminata en ese instante. Solo existían dos dueños de ese jet y yo era una de ellos, no era nada fuera de lo normal pero admito que aún solía descolocarme.

En estos años había recibido estos permisos, siempre los recibía de la otra parte en donde se me tomaba como prioridad y de mi dependía si esa persona volaba o no, pero en esa ocasión solo me confirmo algo que suponía.

— Concedido — dije volviendo a caminar dejando a Lilian atrás.

Pasé toda la tarde en la oficina cumpliendo con mis deberes hasta que tocaron la puerta y la abrieron cuando dije "adelante".

— Cariño, ¿Estás bien? — su figura se asomó por la puerta y al verme entró por completo.

— Claro — me puse de pie alisando mi falda — ¿Por qué no lo estaría?

Él llegó a mi colocando sus manos en mi cintura por mi parte puse las mías en sus hombros. Sus ojos me miraban con ternura.

— He estado llamándote y no contestabas — dijo y yo mordí mi labio al ver sus labios tan cerca de mi. Quería besarlo.

— Estaba trabajando, puse el móvil en silencio — dije mirando sus labios. Acerqué mi boca a la suya para besarnos. Sus labios siguiendo el ritmo de los míos, solté un suspiro en su boca al sentir su mano apretar mi trasero. La expectación me volvía loca y una idea me cruzo por la mente cuando llevé mis manos a los botones de su camisa, pero mi idea no se llevó a cabo cuando él me detuvo.

— Serena, no podemos... — correspondió mi beso y dejó que desabrochara dos botones de su camisa. A ciegas me colocó sobre el escritorio aún tocándome — No debemos...

Me detuvo. Nos separamos, yo lo miraba jadeante ya que tenía muchas ganas, él me miraba de la misma manera.

— ¿Qué pasa? — cuestione dejando mis manos sobre su pecho. Podía sentir los latidos de su corazón.

Noches de inviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora