Nate
Desperté más temprano que de costumbre y era por una razón.
Serena.
Silenciosamente fui hasta su habitación. Acerqué mi oído a la puerta y al no escuchar ningún ruido tomé el atrevimiento de abrirla.
Con sumo cuidado me acerqué para observarla. Ella permanecía dormida con esa tranquilidad que la caracterizaba, pude ver algunas manchas en su rostro, pero las ignoré al verla descansando tan plácidamente.
En la noche también espere a que se durmiera para verla y asegurarme de que estuviera bien.
Salí de su habitación de la misma forma en la que entré y regresé a la mía.
Había estado cuidando de ella ya que las quemaduras no permitían que se moviera. Las rojeces en su cuerpo habían disminuido y yo era muy consciente de ello ya que yo me encargaba de aplicarle la crema.
El recuerdo de su cuerpo bajo mis manos hizo que mi piel se erizara. Su cuerpo seguía igual de suave y cálido como alguna vez lo conocí. Tomó todo de mi no hacer algo más con ella ya que en esa posición mi mente solo pensaba en las cosas que nosotros hicimos hace años.
Cuando llegó la hora tomé una ducha y comencé a arreglarme para ir al trabajo. Me coloqué un traje. Zapatos. Me peine y use mi colonia habitual.
Salí de la habitación y me senté en la sala. Normalmente Serena se tardaba entre cinco o diez minutos más en salir asi que la espere pacientemente, pero ella llegó apenas me senté en el sofá.
— Serena — dije al verla. Mis ojos se detuvieron en su rostro. Las manchas estaban más rojas y en su pecho habían rojeces. La impresión llegó a mi — ¿Estas bien? ¿Necesitas algo? Deberías...
Hablé rápidamente. De alguna manera me sentía responsable de ella y ella tenía que estar bien, para asi yo poder estarlo también.
Mi intención era estar para ella. Cuidarla y brindarle la tranquilidad que ella merecía, quizás pedir un compromiso era mucho aunque sabía que yo no sería correspondido.
Ella me cortó — Estoy bien. No me duelen, solo es incómodo — dijo mirando las rojeces — Pero, creo que no iré al trabajo.
— Por supuesto que no — dije — Debes descansar.
Ella negó — No iré, pero asegúrate de mandarme los informes y registros — negué y ella arrugo sus cejas — Nate... por favor.
Parecía una niña haciendo un berrinche. La miraba encantado.
— De acuerdo, pero ve y acuéstate yo iré a trabajar.
Vi como se escabulló hasta su habitación y yo tomé mi teléfono marcando el número de Francesco.
— Señor Crawford, buen día ¿Qué necesita?
Me reproché a mí mismo por la estúpida idea que acababa de tener.
— Necesito que vengas al hotel y pases el día con Serena. Será solo hasta que yo termine un pendiente en la empresa.
— Okey — dijo dudoso —¿Esta todo bien?
— Si. Ella está indispuesta y quiero que estes aquí con ella. Vas a darle todo lo que te pida, a menos que sea algo del trabajo. Quiero que la vigiles y me avises de cualquier cosa.
— De acuerdo.
— Francesco, esto es serio. Le llega a pasar algo a Serena y te mato.
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Noches de invierno
RomanceSerena Brooks es la definición de obediencia y tranquilidad. Siempre sigue las reglas y todo tiene que estar controlado a su alrededor, su debilidad en casa la a vuelto fuerte fuera de ella. Nate Crawford hace lo que le apetece, siempre siendo el c...
