53 | Vínculo

74 3 14
                                        

Este capítulo es dedicado para mimi y howland muchas gracias por leer

Nate

Serena tenía la mirada perdida en la ventana del auto. Veía con demasiada atención el panorama por el que pasábamos. Las personas. Los autos. El cielo.
De vez en cuando fruncía el ceño a lo que miraba y otras veces sonreía.

Miraba su perfil y es que ¿Cómo podía ser tan... única? Ella no se daba cuenta de lo que provocaba en las personas a su alrededor, pero Serena era alguien indescifrable. Me sentía irreal al estar a su lado, poder ir en el mismo auto y con solo su presencia me sentía desenfocado. Sonrió de nuevo y temí por mi cordura, las risas de Serena -como en años anteriores- se habían vuelto mi sonido favorito y estaba agradecido de que sonriera teniendo en cuenta los últimos hechos.

Hace un rato me había preocupado por su salud. Su rostro enrojecido, no paraba de sudar y su sed constante. Llamar al médico fue mi última opción ya que los técnicos de los aires acondicionados me aseguraron que todo estaba en orden.

Me sentía tranquilo por su diagnóstico y en el auto tuvo un mejor semblante. Uno mucho mejor al que tenia hace unos días.

Necesitaba despabilarse.

Llegamos al hotel y sin decir nada ella fue a su habitación y yo a la cocina.

Serena se había tomado la molestia de establecer los dias en los que el chef iría a la suite y ese día no era uno de ellos, así que me tomé la molestia de preparar unos bocadillos, una vez terminé me senté en la sala y comencé a comer.

No quería molestar a Serena debido a su periodo, probablemente se sentía muy incómoda y sin fuerzas para salir de su habitación. Ya que terminé de comer fui a su habitación y di dos toques en la puerta sin obtener respuesta.

— Serena ¿Esta todo bien? — dije a la puerta frente a mi.

— Si... yo, estoy bien — respondió con la voz entrecortada.

Fruncí el ceño. No quería entrometerme, pero...

— ¿Puedo pasar? — me atreví a preguntar y abrí la puerta al escuchar su "si".

Al entrar a su habitación noté que estaba en su cama arropada. Apenas veía su rostro. Se encontraba despeinada, un poco pálida y sus ojos estaban llorosos. Al verme, rápidamente se limpió las lágrimas.

— Estoy bien. Estoy bien. Solo me siento un poco mal por... ya sabes.

Asentí — ¿Puedo hacer algo?

Ella sonrió y negó — Te lo agradezco, Nate. Pero no creo que puedas hacer algo, estoy bien.

Okey.

¿Acaso Serena me estaba retando?

Solo salí de su habitación pensativo.

Volví a sentarme en la sala. Todo se sentía demasiado calmado y silencioso.

Al pasar tanto tiempo alrededor de Serena me había acostumbrado a sus múltiples conversaciones, a su música y que anduviera de aquí para allá por toda la suite haciendo resaltar su presencia.

Noches de inviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora