40 | Personaje inesperado

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Nate

Se veía preciosa.

Ver a Serena me provocó sensaciones inexplicables. Verla caminar al altar con su sonrisa y sus ojos brillosos fue como volver a respirar.

Toda ella lucía impecable. Se veía como un atardecer enfundada en ese vestido naranja que adornaba sus curvas.

Cuando caminó por el altar olvidé todo lo que habíamos vivido, muy en el fondo deseé que llegara hasta mi. Que me besara. Que en lugar de Ryan y Grace fuéramos ella y yo ahí en el altar.

Pero no.

La vida era injusta y me estaba dando por donde más me dolía.

Acercarme a ella en medio de la playa fue una mala idea. En ese momento me miraba con ojos llorosos. Estaba furiosa y como no estarlo. Yo también estaba enojado conmigo mismo.

— No sabes cuánto lo siento — Me disculpé. No sabía que más decir. Tenerla de frente se sentía irreal, estaba tan cerca de ella pero la sentía a una gran distancia como si hubiese algo gigante en medio de nosotros separándonos y claro eso era mi maldito error.

Nunca me arrepentí por mi decisión hasta ese momento. Ese momento en el que Serena me miraba como un desconocido. Como un desconocido que la había lastimado.

— No. No sé cuánto lo sientes, pero espero que sepas que me lastimaste y mucho.

Dijo eso para terminar de romperme el corazón. Caminó de nuevo hasta la fiesta y yo me quedé ahí. Me quedé mirando el mar como idiota quizás esperando una señal divina sobre cómo hacer que me perdonara.

Tenía que perdonarme por que al verla de nuevo me di cuenta que no podía perderla. No podía dejarla ir de nuevo.

Después de unos minutos volví a la fiesta. Cuando volví Andrew cargaba a Tomy quien ya estaba dormido y Luke llego hasta mi.

— ¿Qué van a hacer? — Señaló la pista de baile donde se encontraban todas las mujeres y la novia. Grace se colocó de un lado de la pista moviendo su ramo y todas las mujeres del otro lado con los brazos en alto.

— Grace arrojará el ramo.

— ¡Pero puede golpearlas! — Exclamó preocupado. Andrew rió a mi lado.

— No lo hará. Es una tradición que la novia tira el ramo sin ver y la chica que lo atrapa será la siguiente en casarse — le expliqué mirando como las mujeres gritaban y se empujaban.

— Oh. Parece divertido.

— ¡Amiga. Sabes que me toca a mi! — Escuché a Priscila gritar.

Grace movió el ramo.

— Uno...

Dos chicas se gritaban y pude ver como se empujaban a la orilla de la pista.

— Dos...

Priscila empujó a dos señoras quienes terminaron saliendo de la pista.

— Tres...

Todos vimos el ramo volar hasta el fondo del gran grupo de mujeres y caer en las manos de...

Serena.

Lo tomé como una señal.

Serena lucía desubicada, pude notar sus ojos llorosos y pareciera que no le tomó importancia. Todos empezaron a aplaudir y algunas la miraban con envidia.

Noches de inviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora