Extra: Anhelo

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Serena

Dos años y medio después de la luna de miel.

— ¡Llegarán pronto!

Corrí deprisa escaleras abajo mientras cargaba varios juegos de mesa en mis manos. Llegué a la sale de estar y los coloqué en la mesa de centro.

De acuerdo. Juegos de mesa, películas, golosinas, libros infantiles.

¿Qué más necesitaban los niños?

Estaba entrando en pánico por que en cualquier momento llegarían Tomy y Romeo. Nuestros adorados sobrinos, ya que como buenos tíos nos ofrecimos para cuidarlos un viernes por la noche.

Nate y yo teníamos dos años de casados y habían sido los dos años más felices de mi vida. Tantas experiencias juntos y aprendizajes que no cambiaria por nada. La felicidad abundaba en nuestro hogar, sin embargo, no todo era de color de rosas.

Existía un tema que nos incomodaba un poco. Hijos. Ambos los queríamos, no por el hecho de buscar herederos, sino porque ya nos sentíamos listos y capaces. Sabíamos que no sería fácil, pero estábamos dispuestos a todo. El problema y la razón de nuestra incomodidad era yo. Yo y mi baja tasa de fertilidad.

Muchas clínicas, doctores, medicamentos y todo nos dejaba en el mismo punto. No seríamos padres de una forma fácil.

Hace seis meses dejamos de intentarlo ya que mi cuerpo pasaba por muchas hormonas y honestamente a veces me volvía insoportable, además de que cada prueba que resultaba negativa rompía mi corazón. Nate actuaba con normalidad, me aseguraba que estaba bien, pero era mi esposo, yo sabía que no estaba bien.

Su sonrisa tensa a ver a sus sobrinos, escuchar la palabra "papá", incluso ver mujeres embarazadas lo afectaba y lo mismo pasaba conmigo.

Mi terapeuta llevaba mi caso y en ese momento me sentía bien, aunque hubo un tiempo en donde no podía conmigo misma, pruebas negativas, no bebé, trabajo, peleas con Nate.
La sobredosis de hormonas en mi cuerpo me recordaba constantemente que yo no podría tener bebés, que no servia para eso y me descargaba constantemente Nate.

Amaba a Nate. Con mi alma entera. Pero él no merecería pasar por mis arranques de irá ni sufrir mis estúpidas incomodidades así que como un acuerdo mutuo dejamos las hormonas, medicamentos y hospitales. Recordándonos a nosotros mismo que aún éramos jóvenes dueños de compañías gigantes y mientras podíamos disfrutar a nuestros sobrinos.

— Relájate, podemos con esto — Mi esposo llegó detrás de mi y depositó un beso en mi coronilla.

— La señora Grace ha llegado — nos informó nuestra ama de llaves y salte del sofá hacia el recibidor junto a Nate.

Encontré a Grace luciendo preciosa en un vestido color cereza que se ajustaba a su cuerpo con su cabello rubio muy bien peinado. En sus brazos el pequeño Romeo y a su lado Tomy.

Íbamos a cuidarlos ya que Grace tendría una cita con Ryan ellos solos y Priscila necesitaba un descanso ya que estaba embarazada de seis meses de nuestra próxima sobrina ( y no no sentí ninguna envida al saberlo, solo felicidad).

—¡Tío! —Tomy corrió hacia Nate saltando de felicidad.

— ¿Están seguros de esto? nosotros podemos...— comenzó la mamá de Romeo después de saludarnos.

Noches de inviernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora