Nate
La vi alejándose mientras contesta su celular.
¿Qué acaba de pasar?
O mejor aún
¿Qué estaba a punto de pasar?
Estábamos cerca. Tan cerca.
Hace unos momentos casi podía escuchar los latidos de su corazón igual de acelerados como yo sentía los mismos. Nos habíamos sumido en una atmósfera demasiado diferente. Hasta que sonó su celular.
Me quedé de pie esperando su regreso mientras tomaba más de aquel vino que Francesco nos ofreció sonó mi celular y conteste.
— ¿Grace? ¿Todo bien? — pregunte ya que era extraño que ella me llamara.
— Si... ¿Estas con Serena? Hace un momento estaba hablando con ella y ahora ya no me contesta — continuó hablando. Fruncí el ceño — Su móvil me aparece que no está disponible.
— No puede ser. Estaba aquí, pero se fue a contestarte ¿Pasó algo?
Escucho como suspira y yo camino hasta donde Serena se fue.
— Liam la engañó y ahora está en muchos sitios de chismes. ¿Ya la encontraste?
Sus palabras hicieron que detuviera mi paso justo cuando alcance a visualizar a Serena quien ahora pisaba algo con demasiado coraje sobre la calle.
— Si. Estoy con ella. No te preocupes — Colgué acercándome.
— Maldito. Hijo de puta. Te odio — sus maldiciones estaban cargadas de odio mientras pisaba su móvil, el cual estaba hecho pedazos en la calle.
Me atreví a cubrirla con mis brazos. La sentí relajándose.
— Serena. Basta. No vale la pena — hable mientras ella seguía furiosa.
— Me engaño. Soy una estúpida.
— Él es un estúpido, por no darse cuenta de lo que acaba de perder — le dije acunando sus mejillas con mis manos. Sus ojos estaban inyectados de odio. Su ceño fruncido.
Serena estaba más que enojada.
— Anda. Vámonos, creo que la fiesta en Roma se salió de control.
La guíe hasta el chofer, pasamos por la fiesta donde ella recogió su bolso y al subir al auto le mande un mensaje a Francesco diciéndole que nos marchábamos y que quería que le consiguiera un nuevo celular a Serena.
La muñeca a mi lado permanecía seria, nada que ver con la chica que era cuando llegamos a la fiesta. Su rostro iluminado. Su sonrisa deslumbrante. Ella estaba feliz y ahora apenas abría los ojos.
No dijimos ni una palabra al llegar al hotel. Solo me habló cuando llegamos a la suite.
— Si quieres, cena. Yo no tengo hambre. Buenas noches — Se marchó a su habitación dejándome en medio del recibidor.
Esa noche no salió como esperaba.
Aunque no sabía que esperar, solo iríamos a una fiesta en un lugar desconocido, se suponía que la pasaríamos bien.
Me senté en la sala de estar debatiéndome una idea que se me cruzó por la mente justo cuando colgué con Grace.
Haciéndole caso a mis pensamientos intrusivos decidí hacer una llamada a California. Precisamente a uno de mis guardaespaldas de confianza quienes por mi estadía en Roma estaban fuera de servicio, pero acatarían mis órdenes desde la distancia.
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Noches de invierno
RomanceSerena Brooks es la definición de obediencia y tranquilidad. Siempre sigue las reglas y todo tiene que estar controlado a su alrededor, su debilidad en casa la a vuelto fuerte fuera de ella. Nate Crawford hace lo que le apetece, siempre siendo el c...
