Nate
No podía ser cierto.
Me encontraba en un universo surrealista en donde Serena me decía que me quería en pasado.
En un universo donde ambos nos confesábamos la verdad y verla así me rompía el corazón por segunda vez. Sus ojos estaban llorosos, sus mejillas rojas y sus manos estaban temblando.
— Perdóname. No te pido nada, solo tu perdón. Lo que hice no estuvo bien, fui un estúpido cobarde y no hay dia que no piense en ello — comencé a hablar como un tonto — No merezco tu perdón y supongo que tengo suerte porque aún no te has ido.
— Somos socios — dijo ella en un bajo susurro. Claramente estaba triste y un poco incómoda, pero era necesario hablar de eso.
Teníamos seis días en Roma y yo tenía las palabras atoradas en la boca. Me sentía tenso al ver que ella era tan amable y cordial conmigo ignorando todo lo que había pasado.
— Lo sé, pero si quieres dejamos de serlo. Te doy mi parte de la empresa — le propuse desesperado — Pero, perdóname quiero...
— ¿Qué dices? No... — me interrumpió y me puse de rodillas frente a ella.
— Con tal de que me des tú perdón te doy la empresa entera, pero quiero estar bien contigo — le dije — Quiero que podamos llevarnos bien sin sentir que me odias.
— Nate, yo no te odio. Jamás podría odiarte — me dijo colocando su mano en mi mejilla.
Y ahí estaba su actitud que yo no merecía. No merecía un gramo de su bondad y ella me decía que no me odiaba.
Me miraba de una forma superior. Mis rodillas en el piso eran un indicador de que se haría lo que ella quisiera, yo estaba a su disposición.
Haría lo que ella me pidiera.
— No es necesario que me des tus acciones, aunque sería una buena forma de deshacerme de ti — dijo riendo poniéndose de pie e indicándome que hiciera lo mismo — No fue tu culpa, no tienes que pedir mi perdón, simplemente no tuvimos suerte.
No tuvimos suerte.
Se sintió como una puñalada en el alma. Su frase era sólida dando por hecho que nuestro momento ya había pasado y eso me entristeció aunque hablar con ella se sintió bien.
— Supongo — dije encogiéndome de hombros — Entonces ¿Estamos bien, socia?
Asintió — Estamos bien, socio.
Esa noche no pude dormir.
Pasé la noche en vela recordando todo. Recordé como me sentí durante mucho tiempo pensando en que Serena estaba herida por mi culpa y ahora me sentía liberado, necesitaba esa conversación con ella para sentir más tranquilidad no conmigo mismo sino también para saber que ella no me odiaba que en realidad los dos habíamos sido algo para el otro. Algo más que socios.
Sin duda me sentía mejor.
Al día siguiente no fuimos a la empresa debido que nuestra semana fue muy productiva decidimos darnos un descanso.
Eran las nueve de la mañana cuando me levante, la suite se encontraba desierta suponía que Serena seguía dormida. Salí a la terraza y respiré el aire cálido. Me sentía con calma hasta que sonó mi celular con una llamada entrante de Ryan.
— ¡Nate! ¿Cómo están? ¿Qué tal todo?
— Todo bien.
— Que bueno. Aquí los extrañamos mucho.
ESTÁS LEYENDO
Noches de invierno
RomanceSerena Brooks es la definición de obediencia y tranquilidad. Siempre sigue las reglas y todo tiene que estar controlado a su alrededor, su debilidad en casa la a vuelto fuerte fuera de ella. Nate Crawford hace lo que le apetece, siempre siendo el c...
