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Serena

Dos días.

Me tomó dos días volver a la empresa debido a mis quemaduras las cuales ya han dejado de ser una molestia.

Mis amigas y mi padre se mostraron muy preocupados ante mis quemaduras. Papá me llamó muy temprano preguntando como seguía y si quería que él fuera por mi a Roma. Sonreí al recordar su preocupación.

Papá estaba viviendo su vida al máximo con su retiro  viajaba, jugaba golf con sus amigos y salía a cenar con ellos. Me daba gusto que él estuviera disfrutando de su vida y que su edad no fuera un impedimento.

Quien no me llamó y me tenia un poco preocupada era Liam. Le había mandado mensajes y llamadas pero nunca respondió a ninguno. La última vez que hablamos fue hace tres días cuando tuvo ese repentino cambio de humor y desde esa llamada yo tenía un raro presentimiento; se instaló en mi una incomodidad en la boca de mi estomago que me tenia de los nervios.

Por otro lado, me encontraba alistándome para salir a la fiesta que Francesco me invitó y yo invite a Nate.

Me miré en el espejo. Lucia un vestido veraniego color rojo el cual tenía figuras de flores difuminadas la tela abrazaba mis curvas. Calzaba sandalias de tacón y mi cabello permanecía suelto un poco ondulado.

Me acerqué al espejo para aplicarme labial rojo y en eso escuché a Nate tocando mi puerta.

— Pasa — dije aún viéndome en el espejo.

En el mismo espejo vi su reflejo.
Permanecía en la puerta con una camisa de botones blanca y pantalones color beige. Todo su look era más relajado y su loción inundó mi habitación.

— ¿Ya estas lista? El chofer ya llegó — dijo pasando su mirada por todo mi cuerpo.

Miré el reloj en la pared y asentí. Ambos nos encaminamos a la salida y sin querer chocamos.

— Perdón — dijimos al unísono. Le sonreí y mire mi reflejo en sus ojos cristalinos.

Ese brillo.

Ese brillo que lograba ponerme a sus pies.

Sentí como me sonrojé y aparte la mirada. Entramos al elevador y Nate se encargó de presionar el botón de la recepción.

La música de fondo del elevador me hizo soltar una risa a lo cual Nate me miró sonriendo.

— ¿Qué?

— Nada — respondí — Estoy emocionada.

Era verdad. Tenía muchas ganas de una buena fiesta, bailar y soltar toda la tensión acumulada.

El trabajo estaba yendo bien. Junto a Nate íbamos arreglando los problemas y todo parecía ir de acuerdo al plan.

— Ir de fiesta en Roma suena genial — comencé a hablar — De seguro la pasaremos increíble.

Él me miraba sonriente sin decir nada.

— Seguro que si.

Salimos del hotel y subimos al auto. Nate le indicó la dirección al chofer y el coche se puso en marcha.

Sin darme cuenta Nate y yo estábamos muy juntos. Más de lo necesario para dos personas que iban en un coche. Su cercanía no me molestaba, al contrario me sentía bien a su lado.

Así había sido desde la noche en que vimos una película juntos y literalmente dormimos juntos ya que amanecimos uno junto al otro en el sofá.

Un poco extraño

Noches de inviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora