Extra: 9 meses

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Nate

Miraba con atención a Serena frente a mi.

Lucia diferente.

No era su cabello aunque se lo había cortado un poco, sus uñas que dejo de pintarlas de colores y optó por un color neutro, no era su vestimenta que en los últimos dias optó por vestidos sueltos, tampoco era el hecho de que dejo su desayuno favorito por solo fruta. Era algo distinto.

Estaba radiante, como siempre, pero había algo que no lograba descifrar. ¿Me ocultaba algo? Quizás, porque a veces la encontraba sonriendo cuando ella estaba sola y desde la visita de nuestros sobrinos actuaba de forma extraña.

Esa visita fue hace una semana y aún desconocía la razón de su malestar, ella aseguró que fue pasajero, sin embargo aún notaba sus gestos y su cara un poco pálida ante sus incomodidades.

— ¿Pasa algo? — cuestionó mirándome sacándome de mis pensamientos.

Negué — Estas preciosa — logré que sus mejillas se sonrojaran.

— Gracias, esposo. — solía llamarme "esposo" y me encantaba que lo hiciera — Quería decirte que esta noche quiero cenar afuera.

Nuestra casa tenía un gran jardín con bastantes plantas y una fuente preciosa. Serena y yo solíamos pasar las tardes afuera, pero las cenas en el jardín solo estaban reservadas para fiestas o eventos con más personas. No me molestaba que cenáramos solo ella y yo, sino que me pareció peculiar su sugerencia.

— Claro... ¿Por alguna razón en particular? — pregunte suspicaz y ella reprimió una sonrisa. Si. En definitiva me estaba ocultando algo.

— No. Para nada. Solo... quiero cenar afuera.

...

— ¿Quieres vino?

Negó.

Ya estábamos cenando. Serena hizo que los cocineros prepararan mis platillos favoritos. No solíamos vestirnos demasiado formales para la cena, pero mi esposa estaba dispuesta a romper todas las costumbres de nuestro matrimonio de dos años y medio.

Ella vestía un vestido suelto color vino con sandalias brillantes. Su cabello caía en ondas por su espalda y como siempre si rostro destilaba luz.

— Pri me invitó mañana de compras para la bebé — dijo mientras comíamos.

El tema de los bebés era algo que no sabía cómo llevar correctamente, todo por ella. No me importaba si me hablaban de bebés todo el día pero sabía que a Serena le afectaba.

— ¿En serio? Podemos hacer algo mañana y te disculpas por no poder ir — sugerí con la intención de que ella no pasara un mal rato.

— No será necesario, creo que si iré — sonrió al hablar y fruncí el ceño.

— ¿Estas segura? por que podemos...

Vi como le hizo un gesto a nuestra ama de llaves quien se acercó y me tendió un sobre.

La miré confundido.

— ¿Qué es...?

— Solo ábrelo — dijo.

Extendí la hoja de papel frente a mi sin entender su contenido al principio. Comencé a leer notando que eran unos análisis de sangre de Serena, pero lo que se llevó mi aliento fue el resultado.

Noches de inviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora