Tres años después del nacimiento de los mellizos.
Serena
— ¡Mamá!
Corrí escaleras abajo mientras me colocaba los pendientes.
— Ya voy. Ya voy.
— Llegaremos tarde, mamá. No quiero que abran los regalos sin mi.
Nicholas de tres años se encontraba en la sala de estar de brazos cruzados. Su traje de vestir le quedaba a la medida y lucía su cabello perfectamente peinado.
Era adorable.
— Ya casi estoy lista — le dijo llegando hasta él para acomodar su pequeño saco.
— Estas muy bonita, mami — me dice. Sonrió con ternura dándole un beso en su frente.
— Gracias, cariño — dije — ¿Donde esta tu hermano?
— Con papá. Aún no están listos.
Suspire.
Nuestra rutina con los mellizos cambiaba cada cierto tiempo, al tener dos niños de la misma edad todo era muy caótico. Nate y yo aprendimos con el tiempo a ser padres, nos quedaba mucho por recorrer pero sentía que todo estaba bien al estar junto a Nate. Lo adoraba y adorábamos a nuestros hijos.
Me dirigí al cuarto de los niños dejando las quejas de Nicholas desesperado por irnos para buscar a mi hijo y a mi marido.
Entré a la habitación en silencio, la luz del baño llamó mi atención la puerta estaba entreabierta, mire por el pequeño espacio y la escena me otorgó una calidez abrasadora en el pecho.
— ¿Esta bien así? — mi esposo le pegunto a nuestro hijo. Ambos estaban frente al espejo, Nate peinando el cabello de Nolan.
— Creo que si. ¿Esta igual que el tuyo? — cuestionó Nolan.
— Si.
— De acuerdo.
Nolan le dedicó una pequeña sonrisa, él no era tan sonriente como Nicholas pero adoraba sus pequeñas sonrisas.
— ¡YA VÁMONOS! — el grito de Nicholas desde la planta baja me saco de mi ensoñación. Salí de la habitación sin que me vieran y fui por mi hijo.
— Mamá, no quiero que comiencen a abrir los regalos sin mi — el desesperado de mi hijo hizo pucheros con los ojos llorosos.
Era víspera de navidad. Cenaríamos en casa de Grace y mis hijos al ser los menores no podían esperar por ver a los demás niños y jugar con ellos.
— Ya estamos listos.
Nolan bajo de las escaleras. Detrás de el Nate. Tantos años y aún mi esposo era capaz de ponerme nerviosa, su traje azul marino a la medida hizo que mi boca se secara. Su cabello perfectamente peinado y su aroma hicieron un nudo en mi estómago.
Podía decir que estábamos en nuestro mejor momento. Éramos los mismos de siempre, solo que con dos niños bajo nuestra crianza y cuidado. Era difícil encontrar un momento a solas para ambos, pero siempre que podíamos lo aprovechábamos al máximo.
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Noches de invierno
RomanceSerena Brooks es la definición de obediencia y tranquilidad. Siempre sigue las reglas y todo tiene que estar controlado a su alrededor, su debilidad en casa la a vuelto fuerte fuera de ella. Nate Crawford hace lo que le apetece, siempre siendo el c...
