55 | Ser tuyo

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Nate

No podía creerlo.

De seguro todo era un sueño.

La luz del sol se colaba por el ventanal iluminando toda la habitación y lo mejor de todo, me encontraba en la cama con Serena abrazada a mi.

No pensé que eso ocurriría, menos el día de la gala aunque no me quejo. Por supuesto que no. Es lo mejor que pudo haber pasado.

Inhalo el dulce aroma de su cabello suspirando. No imagine que la gala terminaría aquí.

Recuerdo estar preocupado por Serena ya que ella estaba intranquila. Se le veía nerviosa y el estar viviendo tanto tiempo juntos me había otorgado conocer sus gestos y ella estaba bastante ansiosa.

Sus manos temblaban y miraba hacia todos lados con el ceño fruncido claramente incómoda, me hubiese gustado estar con ella toda la noche, pero tenía que hablar con socios e inversionistas, ella también hizo lo mismo y en algunas ocasiones nos juntamos para realizar esas aburridas pláticas.

Aún así no pude prestar mucha atención a cada conversación ya que Serena se llevó mi atención toda la noche, aunque sea la vi de lejos. Toda la gala tuve un ojo en ella. En como su largo vestido se acentuaba a sus curvas. En la manera en la que al caminar toda la tela la envolvía y como su rostro se iluminaba al ver a nuestros amigos.

Ella estaba feliz y yo también.

Así que estaríamos bien.

Sin embargo, estaba despierto desde muy temprano en la misma posición dándole vuelo a mi mente. Pensaba y pensaba en lo que pasaría cuando Serena despertara. ¿Qué diría? ¿Se arrepentiría? ¿Me echaría?
¿Qué haríamos? No tenía idea, quizás eso fue una cosa de una noche para ella, quizás podríamos ser algo oficial, quizás volveríamos a lo de años pasados.

Haría lo que ella me pidiera y aunque no estuviese de acuerdo aún así lo haría con tal de que ella estuviera cómoda.

Serena comenzó a moverse haciendo que dejara de pensar.

Suspiró y abrió los ojos. Ese color hazel que se veía más brillante por la luz del sol.

Que belleza.

— Buenos días — sonrió y se acercó a darme un beso en los labios. Sorprendido le correspondí. Al igual que la noche anterior cuando ella nos sacó de la pista de baile.

Una noche inolvidable, sin duda.

— Buenos días — dije una vez nos separamos del beso.

Sus mejillas sonrojadas y su cabello despeinado no me dejaban pensar con claridad. Quería sacar el tema de nosotros, pero no quería acabar con el momento, quería aprovecharlo al máximo.

Ella mordió su labio y volvió a besarme. Se subió a horcajadas sobre mi, solo teníamos puesta la ropa interior y yo ya quería sacársela.

Comenzó a mover sus caderas sobre mi torturandome, esta nueva Serena me sorprendía cada vez más. Sin embargo, sabia que no haríamos algo más.

— Tenemos que hablar — le dije tratando de enfocarme en su rostro y no en sus pechos c que estaban a la altura de mi rostro.

Noches de inviernoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora