Sesenta

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La presencia de Mingyu en la casa de los Yoon tenía muy feliz a Wonwoo, haciéndolo sentir también tranquilo y menos nervioso con la cercanía del parto; sin embargo, en unas semanas podría ser riesgoso para él salir al bosque a dar su paseo, del cual para todos seguía siendo un misterio, incluso para Jun, quien jamás alcanzaba a escuchar algo fuera de lo normal, pues Wonwoo se había encargado de proteger la cueva con ciertos hechizos para que los adolescentes no fueran descubiertos y mucho menos escuchados por cierto vampiro que era capaz de oír en la lejanía. Sabiendo que pronto dejaría de visitar a su hijo, y sobrina, hizo una última visita aquella tarde.

—Tío Wonu, no necesitas repetir lo que ya sabemos— se quejó Haneul, sintiendo que era sus padre Jeonghan el que la sermoneaba.

Wonwoo rió —lo sé, pero quiero que sepan que sin importar lo que pase, acudan por ayuda al clan sin pensarlo.

—Sí, ya es la quinta vez que lo dices— rodó los ojos haciendo reír a Wonwoo una vez más.

El vampiro miró a su hijo, y acariciando sus cabellos dijo —no te preocupes, todo saldrá bien— mencionó al ver lo inquieto que lucía.

Hubo un silencio en el que Sungmin sonrió incómodo —lo sé, si no, no estaría aquí.

—Así es— le sonrió de vuelta sin darse cuenta que había algo que su hijo quería contarle, pero que le daba miedo expresarse. Suspiró, y finalmente se despidió —bueno, ya debo irme, los veré en algunas semanas; y ya saben que de cualquier manera los estaré cuidando.

—Sí— los dos agitaron sus manos y se despidieron de Wonwoo, viéndolo marcharse de la cueva.

—Todo saldrá bien— animó Haneul —encerrados aquí, las cosas saldrán bien.

—Eso espero— murmuró Sungmin aún con la preocupación de no saber qué pasará durante la luna llena en la que cumplirá los dieciséis años.

Para todos las semanas pasaban lentamente, sintiéndose algunos nerviosos y otros más tensos, pero todos con emoción por el próximo parto de Wonwoo, pues la familia crecería aún más. En el mes que había transcurrido desde que Jihoon instaló el portal en casa de los Choi, Wonwoo ya no sentía tanta ansiedad por salir de la casa, con la presencia de Mingyu a su lado, no sentía esa necesidad de querer huir, aunque la preocupación por su hijo que se encontraba en el bosque, aún lo invadía de vez en cuando, sabía que ellos estarían bien, pues habían demostrado ser bastantes astutos, tanto, que ni siquiera Jeonghan había notado sus presencias.

—¿Todo bien?— preguntó Mingyu acercándose a Wonwoo, quien tenía una mirada perdida fuera de la ventana, tallando su vientre en la parte baja.

—Sí, es sólo que Sungmin está inquieto— respondió con un gesto de dolor, como aquellos dolores que de repente sentía, como si estuviese entrando en labor de parto, pero sólo era el bebé acomodándose para el momento.

Mingyu lo abrazó por la espalda, y reemplazó la mano de su pareja por la suya, acariciando con suavidad, pero a la vez ejerciendo una fuerte presión en la zona para calmar los dolores que Wonwoo sentía. Besó su cuello, e inhaló profundamente el aroma de su pareja, llenándose de él, pues había extrañado mucho esos momentos íntimos y tranquilos en los que podían sentir la piel y el aroma del contrario; Wonwoo respiró profundo, y se aferró al cuerpo de Mingyu que lo rodeaba, sintiéndose de la misma manera que el licántropo. Tener momentos así con Mingyu, hacían sentir a Wonwoo menos nervioso por su parto, le daban tranquilidad, y lo hacía sentir como aquellos días en los que el clan vivía con la manada.

Sin embargo, había llegado el momento que la pareja había ansiado tanto; a pesar del buen masaje que Mingyu estaba dándole, el dolor comenzaba a intensificarse. Wonwoo ahogó un grito de dolor, se inclinó hacia adelante sintiendo que todo su cuerpo se contraía, y eso preocupó al hombre lobo.

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