Sesenta y nueve

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Las cosas habían resultado bien para Jihoon, quien ya no debía preocuparse por la vida de los licántropos a los que tanto amaba, ahora solo debía deshacerse de Yunho para ir tranquilamente a su mundo y explicarles la situación a todos. El pelinegro fue rápido en encontrar a una persona a la cual llevarse, pues era la única chica solitaria llorando en un rincón por las cosas que estaban ocurriendo; Yunho le tendió la mano como un caballero y ella, a pesar de dudarlo un poco, la tomó y se dejó llevar.

El vampiro nacido la miró con un toque de hambre, pues debía admitir que haber usado tanto los poderes de Samuel, lo había dejado agotado; no planeaba unirse a un trío con ella y Yunho, pero si tenía la oportunidad, iba a sacarle toda la sangre de la chica hasta saciarse. Los tres caminaron tranquilamente por la estancia, hasta salir de ella y atravesar el recibidor, yendo directo al pasillo que daba al sótano, donde el portal que los llevaría de vuelta a casa se encontraba; el regreso fue más rápido, e incluso Jihoon podría jurar que vio menos puertas de las que habían atravesado cuando llegaron a la casa de los Kim.

Al llegar, la casa estaba completamente vacía, Samuel seguía fuera de casa en otra misión, mientras que el resto del clan Shim se quedaría con los Kim por al menos un par de días para disfrutar adecuadamente la fiesta, así que tenían el lugar para ellos solos. Jihoon lo pensó un poco, no quería verse envuelto en el trio, así que necesitaba huir de ahí a toda costa, de un momento a otro, mientras se dirigían a la habitación, vino una idea a él.

—Tengo que irme— murmuró mirando el piso a lo lejos.

Yunho volteó a verlo —¿por qué?

—Alguien entró a mi mundo, debo irme— dijo con un poco de prisa, no iba a esperar por la respuesta de Yunho, pero este lo tomó de la mano, deteniéndolo momentáneamente.

—Bien, vayamos juntos. Quiero conocer tu mundo— sonrió con calidez, o al menos eso intentaba, pero Jihoon podía ver la lujuria que llevaban sus ojos, y que seguramente tenía la idea de tener sexo en su mundo.

—No, aun no puedo dejar que lo conozcas— negó de inmediato.

—Después de lo que acabamos de pasar, y de la confianza que ahora te tengo, ¿tú vas a negarte?

—El que probó la lealtad y confianza en mí, fuiste tú, yo aún no te pongo a prueba— su ceño se frunció ligeramente, haciéndole saber que no estaba muy contento por lo ocurrido hacía menos de una hora.

Yunho sonrió de lado —supongo que tienes razón. ¿Por qué no me pones a prueba ahora? Seré de entera confianza para ti.

—No, todavía no— volvió a negar —déjame ir ahora y pronto dejaré que conozcas mi lugar seguro.

El pelinegro lo pensó un poco con una ligera sonrisa en los labios, y luego de un breve análisis, asintió —bien, dejaré que vayas ahora— soltó su mano —estaré esperándote— le sonrió, dejándolo marchar al fin.

Jihoon asintió y tragó en seco, haciéndose a la idea de que cuando regresara, aún iban a tener sexo; de cualquier manera era un asunto del que se encargaría después, así que sin más, se desvaneció de la habitación. Antes de ingresar a su mundo, se encargó de dejar su rastro en su habitación, pues si a alguien entre los clanes aliados se le ocurría querer saber en dónde se encontraba, no iban a saber de su ausencia en la casa. Al llegar a su mundo, los licántropos seguían un poco inquietos, en especial Seungcheol, Minghao y Seungkwan, quienes eran los más preocupados por su hogar.

Seungcheol fue el primero en darse cuenta de la presencia de Jihoon, lo vio llegar a lo lejos, entre los árboles de su bosque —¡¿qué demonios ocurrió?! ¡¿Por qué nos trajiste aquí?!— preguntó un poco alterado, haciendo que todos se dieran cuenta del vampiro nacido.

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