Setenta y tres

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El estruendoso ruido que habían escuchado, los puso en alerta, aunque parecía ser un relámpago avisando de una tormenta, la forma peculiar en la que se había escuchado hizo que pensaran en algo diferente. Ambos salieron al jardín, el cual daba a un terreno amplio sin construcción, lleno de árboles y naturaleza; miraron al cielo que comenzaba a nublarse y volvieron a escuchar un relámpago, pero el cielo no se iluminó.

—Faong— murmuró Jihoon, y Samuel lo miró.

—¿Estás seguro?

—Completamente— dijo con seguridad —saquemos los cuerpos, que se los coman y se vayan— dijo, y rápidamente entró a la casa, se transportó hasta el segundo piso, tomando el cuerpo de los dos niños y volvió al jardín al transportarse, dejando los cuerpos en el suelo.

Samuel también se movió veloz por la casa, recogió el cuerpo de la señora convertida en vampiro, y luego a la adolescente que se encontraba en la habitación de al lado; así que el último en sacar un cuerpo, fue Jihoon, haciéndose cargo del señor en la recámara principal. La cabeza de la neófito estaba chamusqueada, y había perdido la vida instantes antes, así que no fue un problema dejarla en el suelo junto a los demás cadáveres.

El ruido de relámpago que era provocado por el rugido de las criaturas, se escuchaba cada vez más cerca, y tanto Jihoon como Samuel, no deseaban enfrentarse a esas criaturas, así que se marcharon antes de ser vistos y atacados sin piedad. El menor los transportó cerca de la casa en la que vivían con los Shim, y caminaron viendo hacia el norte, donde la tormenta se avecinaba, estando alerta en caso de que las criaturas llegaran hasta ellos; sin embargo, Changmin salió de casa al suponer que los Faong se acercaban lentamente, seguramente atraídos por algún rastro de sangre.

—¿Dónde estaban?— preguntó al ver a los dos menores llegando.

—Por ahí, jugando— señaló Jihoon.

—¿Jugando? ¿Ustedes provocaron la llegada de los Faong?

Jihoon y Samuel se miraron con el ceño fruncido, y el mayor preguntó —¿cómo se puede hacer eso?

—¿No lo saben?— preguntó indignado el líder —díganme que no mataron a un vampiro.

Nuevamente los dos menores se miraban con interrogación, y esta vez Jihoon contestó —bueno... era un recién convertido, no queríamos dejarlo vivo— se encogió de hombros.

Changmin expresó frustración —¿lo degollaron o lo quemaron?— ambos asintieron y él volvió a refunfuñar —el olor de vampiro y licántropo les llama mucho la atención, pero lo que más los atrae es si hay sangre derramada, o cuerpos quemados. ¿No pensaron en ello?

—No lo sabíamos— murmuró Jihoon sintiéndose regañado.

—Ya no importa, métanse a la casa antes de que lleguen y nos quieran comer.

Ambos menores asintieron, y entraron rápido a la casa, la tormenta estaba cada vez más cerca, y lo que menos querían era enfrentar a una de esas criaturas, pues su hambre voraz las volvía imparables, incluso si estaban al borde de la muerte, o su vida pendiendo de un hilo, jamás se detenían por comer. Todos se refugiaron en el sótano mientras la tormenta pasaba, Jihoon quería evitar a toda costa estar cerca de Yunho, pero el pelinegro se volvía bastante hablador; afortunadamente para el vampiro nacido, todos se vieron envueltos en la conversación, y por primera vez, tanto Samuel como Jihoon, se sentían integrados al clan, como si todo este tiempo no hubieran pertenecido a él hasta ahora.

Cuando la lluvia cesó y los estruendosos rugidos y aleteos de las criaturas se calmaron, supieron que la manada de Faong que había pasado por el lugar, se había marchado, así que era momento de volver a sus deberes. Samuel y Jihoon fueron llamados para una nueva misión al poco tiempo, y para su infortunio, tenía que ver con esos monstruos alados, que poseían una estructura ocia parecida a los humanos, exceptuando su hocico y extremidades alargadas, con su piel desnuda, llena de algunos cuantos pelos que asemejaban a una oveja mal esquilada.

Hidden 2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora