Ciento cinco

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Jihoon se sentía completamente destrozado, ¿de qué había servido tanto esfuerzo si al final las cosas no iban a cambiar y Seungcheol seguiría odiándolo? Tal vez lo mejor era rendirse y olvidarse de Seungcheol para siempre, continuar su vida sin su amor, tal vez conseguir el de alguien más, alguien que sí lo quiera como Seungcheol llegó a quererlo una vez, o simplemente olvidar para siempre aquel sentimiento tan hermoso y jamás amar a nadie más. Mientras más se hundía en esos pensamientos, más negro se volvía el cielo, y era cuestión de tiempo para que la llovizna cayera, pero terminó conteniéndose un poco cuando sintió a Jeonghan entrar a su mundo junto a la Haneul adolescente.

—¿Qué pasa?— le preguntó Jeonghan a su hija cuando la vio parada frente al gran ventanal en la estancia de la torre. Se acercó hasta ella luego de dejar asentado sobre la mesita de enmedio el cubo de la habitación secreta encogida, dándose cuenta de que Jihoon estaba sentado en medio del jardín, abrazando sus piernas, y bajo una gran nube negra —ve a la sala de juegos, hablaré con él.

Haneul asintió; estaba preocupada por Jihoon, pero sabía que ella no podía hacer algo por él, pues parecía que estaba en su destino terminar de aquella manera, sentía lástima por él, y le entristecía que así tuvieran que pasar las cosas. A pesar de lo que le dijo su padre, no le hizo caso, y se quedó parada viendo a través del cristal a su padre acercarse a Jihoon.

Jeonghan se acercó con cuidado al menor —¿qué tienes Jihoon? ¿Es por lo que dijo Samuel del hechizo?

El mayor de los vampiros nacidos le había advertido a Joshua sobre el regreso en el tiempo que tuvieron que hacer, y que fueron ellos los que provocaron el dejavú; Samuel aún no era advertido sobre la visita que Seohyun les haría en los terrenos cuando se comunicó con el pelinegro, pero Jeonghan había supuesto que Seohyun sospecharía de ellos, o al menos intentaría asegurarse de que no supieran nada al respecto, así que tomó sus precauciones antes de que la inesperada visita llegara, sin saber aún lo que había pasado.

—¿Fui un mal niño cuando me criaron?— preguntó Jihoon levantando el rostro y mirando a su líder, quien se acuclilló frente a él.

—¿Por qué lo preguntas?— lo miró con duda.

—¿Por qué me está pasando esto a mí? ¿Por qué debo sufrir yo? ¿Qué fue lo que hice?— sus lágrimas continuaban deslizándose por sus mejillas, y fue abrazado por Jeonghan, quien dudaba ahora de qué decirle que pudiera hacerlo sentir mejor.

—Tú no has hecho nada, solo... es el destino que te tocó vivir.

—¿Por qué?— balbuceó contra el pecho de Jeonghan, abrazándolo con fuerza.

—Porque la vida es cruel e injusta, y siempre nos pondrá aprueba para sacar lo mejor de nosotros, pero depende completamente de uno si lo hace para bien o para mal. Sé que ahora ves el mundo oscuro, pero tienes que ser fuerte, y pronto las cosas mejoraran, lo prometo— contuvo su suspiro y se aferró más al bajito.

Jihoon sollozó calmadamente entre sus brazos, necesitaba salir de ese hoyo negro en el que había caído tan repentinamente.

Estuvieron abrazados sin decir más por unos minutos, hasta que Jeonghan escuchó el mensaje de Joshua en su cabeza «Seohyun está viniendo»

Jeonghan suspiró —debo irme— dijo separándose ligeramente de Jihoon —Seohyun nos hará una visita y debe estar todo listo. ¿Estarás bien?

Jihoon asintió con tristeza —sí... yo... uhm, iré a cazar, me siento débil.

—Debe ser por haber movido el tiempo, ¿cuánto lograron retroceder?

—Dos semanas solamente, Samuel y yo intentamos con toda nuestra fuerza continuar más atrás, pero me estaba agotando y no pude continuar— dijo entristecido, comenzando a llenarse de culpa por no poder cumplir el plan que Jeonghan había propuesto cuando Seohyun se enteró que su padre sería el próximo afectado.

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