acto seis.
Vomitar.
Aroa odiaba vomitar.
Se inclinó detrás de un arbusto, aferrándose al tronco de un árbol con una mano mientras el otro brazo rodeaba su estómago con fuerza, como si eso fuera a detener el violento espasmo que sacudía su cuerpo. El ácido ardor de la bilis le quemó la garganta, y el sonido húmedo y repugnante de su propio vómito le provocó aún más asco. Odiaba esa sensación, la opresión en el pecho, el escozor en la nariz, la forma en que su cuerpo se rebelaba contra ella sin darle tregua.
—Maldita sea... —murmuró entre jadeos, escupiendo el último rastro de náusea mientras una punzada desagradable se instalaba en su abdomen.
Se apartó el cabello del rostro con un gesto brusco y cerró los ojos con fastidio. Su respiración era irregular, y un escalofrío recorrió su espalda al recordar la sensación de atravesar las sombras. Ese vacío sofocante, el vértigo, la presión en el pecho como si algo la exprimiera desde dentro... y luego, el mareo.
—¿Cómo demonios le gusta esto a Elon? —gruñó en un quejido lastimero, apoyando la frente contra el tronco rugoso.
No podía entenderlo. Elon parecía disfrutar de aquel método de transporte como si fuera un paseo por la playa, mientras que ella... Bueno, ya estaba claro que su cuerpo no estaba hecho para ese tipo de cosas. Por eso evitaba viajar a través de las sombras a menos que fuera absolutamente necesario. Y definitivamente, esta vez no lo había sido.
Resignada, buscó a tientas su botella de agua y la destapó con dedos torpes. Se llevó la boquilla a los labios y bebió de un solo trago, dejando que el líquido helado le lavara la garganta y arrastrara el regusto amargo de su boca. Un escalofrío de alivio la recorrió cuando finalmente separó la botella de sus labios, exhalando un quejido satisfecho.
—Mucho mejor... —susurró, inclinando la cabeza hacia atrás.
Se estiró un poco, sintiendo el ligero mareo que aún la embargaba, pero lo ignoró con un resoplido. Ya pasaría. Comparado con lo que había soportado antes, esto no era nada. Aún así, prefería mil veces los viajes en barco, el balanceo predecible de las olas, o incluso una escoba sobrevolando la brisa nocturna. No esas cosas casi literalmente infernales.
Con una última sacudida de cabeza, enderezó la espalda y paseó la mirada por su alrededor con dignidad. Troncos gruesos y nudosos se alzaban hacia el cielo como gigantes centinelas, las hojas mecidas por el viento susurraban secretos entre sí, y la humedad del ambiente traía consigo un aroma salado y terroso. Había llegado. Finalmente estaba allí.
Un leve soplido escapó de sus labios cuando sintió una burbuja de aire subir por su nariz, y se frotó la cara con las manos antes de comenzar a caminar. Sus pasos eran ligeros pero seguros, alejándose del bullicio, de la estridencia de voces y risas lejanas, del eco distorsionado de música y de la agitación que solo un lugar como ese podía ofrecer.
Manglar 33, el parque de diversiones.
Aroa frunció el ceño al escuchar los gritos y las risas de los visitantes detrás de ella, ignorando el impulso de voltear. Sabía dónde estaba casi de memoria.
Un destello de diversión brilló en sus ojos cuando se permitió imaginar un escenario bastante satisfactorio: un Tenryūbito cruzándose en su camino en el peor momento posible. Oh, cómo le gustaría descargar su frustración en uno de esos bastardos... Su mandíbula se tensó con un deseo feroz, casi babeando, pero suspiró al darse cuenta de que, por más placentero que fuera, no valía la pena. No podía pasar desapercibida si hacía algo tan descarado, algo que le costaba demasiado últimamente. Y además, tenía cosas más importantes que hacer.
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witch | portgas d. ace
FanfictionDebido a un plan fallido, Aroa, una hábil pirata, se ve envuelta en la inminente ejecución de Puño de Fuego Ace, su rival. Unidos por la determinación y los lazos forjados en prisión, lucharán contra el destino y desafiarán los límites en una carre...
