cincuenta y siete

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A nadie le gustaban las despedidas. A nadie. Pero Ace estaba descubriendo ese día que detestarlas era una palabra demasiado suave.

Newt lloraba. No un llanto infantil y caprichoso, sino ese llanto triste, profundo, que parecía salirle desde el pecho mismo, como si tuviera miedo de que lo arrancaran de donde pertenecía. Un llanto que apretaba más que cualquier golpe que Ace hubiese recibido en su vida. Y Ace... Ace casi no podía respirar de lo apretado que lo tenía agarrado.

Ace tragó saliva, le ardían los ojos. Y maldita sea... las lágrimas se le estaban acumulando.

—N-No te vayas... —sollozó Newt, hundiendo la cara entre el cuello y el hombro de Ace como si fuera una ventisca lo que lo amenazaba.

El pirata sintió un tirón directo al corazón. Un ardor. Un golpe. Una punzada que lo dejó temblando. No sabía si era el instinto parental o qué demonios, pero ese llanto lo destrozaba. Sin exagerar.

—Oye, oye... —murmuró Ace, con la voz rota—. No te estoy dejando... no te estoy dejando, ¿sí? Solo... solo tenemos que separarnos un poquito.

Newt negó con fuerza, empapándole la camisa.

Ace tragó saliva, sintiendo cómo las ganas de llorar le subían por la garganta.

Y se rindió. Se agachó hasta quedar a la altura del niño, sosteniéndolo por los hombros, y sin poder contenerlo más, también empezó a llorar.

—Mierda... —susurró, riéndose entre lágrimas mientras Newt lo abrazaba aún más fuerte—¿Cómo se supone que haga esto, ah? Lo haces mucho más difícil de lo que esperaba, Newtie.

Si alguien hace tres años le preguntaba a Ace si quería ser padre, habría contestado con un "ni loco". Y ahora estaba ahí, llorando igual que su hijo, sin entender cómo existían hombres que eran capaces de abandonar a sus niños como si nada. Él se iba por unos meses y sentía que le arrancaban el corazón.

No lo comprendía, y no lo iba a comprender nunca.

—Odio las despedidas... —murmuró Newt, con la voz quebrada mientras pasaba sus manos se aferraban a la camisa de Ace—Las odio mucho.

Aroa observaba unos pasos más atrás, con Elon pegado a su pecho igual de aferrado que Newt. Elon temblaba, apretando su ropa con tanta fuerza que parecía que la iba a romper. Aroa le acariciaba la espalda en un movimiento lento, maternal, intentando calmar el temblor que recorría al chico.

Ace desvió la mirada un momento y vio esa imagen: su compañera sosteniendo a su otro niño. Y el corazón se le apretó más todavía.

Tenía que separarse de ambos. La idea lo estaba matando.

Respiró hondo, obligándose a calmar un poco los propios sollozos, y después de varios segundos, acarició la mejilla de Newt.

—Escúchame... —susurró, tocándole la cara para que lo mirara—Voy a volver. ¿Me oyes? Voy. A. Volver.

Newt frunció el ceño, intentando aguantar otro llanto, con ese puchero tembloroso que hacía cuando trataba de ser fuerte.

—¿De verdad...? —preguntó la pequeña voz que lo destruía cada vez.

—De verdad. —Ace asintió con firmeza—Te prometo que sí. Pero necesito que cuides de Elon mientras yo no esté, ¿sí? Y él va a cuidarte también a ti. Ustedes son un equipo.

Newt inspiró temblando, como si una parte grande de él quisiera decir "no", pero sabía que Ace lo estaba pidiendo de verdad.

—Te amo... —murmuró al final, mirándolo a los ojos—Mucho. Por favor no te olvides de mí.

witch | portgas d. aceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora