cincuenta y cinco

1.2K 109 173
                                        






Si Ace tuviera un berry cada vez que Aroa lo preocupaba, tendría bastantes monedas en sus bolsillos. Es por eso que cuando pasaron más de diez minutos sin vistazo de Aroa, inevitablemente comenzó a asustarse e impacientarse, por los marinos, no por ella, obvio.

Newt ya se había aburrido, desde la distancia no se veía la acción así que decidió que era mucho más divertido enseñarle a Rock a pescar. Sí, a Rock, la perrita.

Elon había decidido tomar una siesta en lo que volvía la bruja, Rayleigh estaba de brazos cruzados pensando apoyado en la baranda dándole la espalda al barco de marines en donde se encontraba su hija, pero mirando a su "yerno".

Oh, tenía yerno. Creía que se había salvado de eso después de que se asegurara de criar a ambas hijas de la manera más espantadora de hombres con sentido común que no podrían domesticar a una mujer así. Pero parece que la falta de sentido común venía de familia. Porque veía la mirada anhelante de Roger Junior hacia el barco de marines, en donde se encontraba su hijita.

Rayleigh no era ningún idiota.

Había pasado gran parte de su vida leyendo gestos, observando las sutilezas que los hombres creían ocultar. Podía reconocer un ceño fruncido fingido, una sonrisa disfrazada o un silencio cargado de significado. Y ahora, mientras miraba a su... "yerno"apoyado en la baranda con la mandíbula tensa, Rayleigh reconocía esa mueca particular que le traía recuerdos.

Hablaba en serio, Silvers había vivido demasiados años, visto demasiadas peleas, demasiados hombres caer, reír, traicionar y amar como para no saber leer los gestos ajenos. Y aunque fuera ridículo admitirlo, conocía a Ace por medio de Roger. O mejor dicho, lo reconocía en él, a pesar de que eran dos personas diferentes la sangre llama. Esa manera terca de apretar la mandíbula cuando algo lo tenía incómodo, esa manera de evitar los ojos cuando pensaba demasiado, como si temiera que lo descubrieran. El mismo maldito gesto que tenía Roger cuando intentaba fingir que no estaba preocupado.

Rayleigh entrecerró los ojos, mirándolo de reojo disimulando que lo estaba analizando. Estaban apoyados en la baranda del barco, viendo a la distancia donde el barco de la Marina aún no se movía. El viento golpeaba con fuerza, meciendo las velas sin rumbo, y la cubierta se sentía extrañamente silenciosa.

—¿Estás preocupado por mi hija? —preguntó Rayleigh con un deje de burla, aunque la respuesta era obvia. Y antes de que Ace respondiera, el viejo se respondió solo con un suspiro y un rodar de ojos.—Bah, claro que sí. Qué tontería preguntar.

Ace no dijo nada de inmediato. Siguió mirando el barco a la distancia, ese pequeño punto en el mar que se mantenía flotando, sin movimiento. El silencio entre ambos se alargó un segundo más, hasta que Ace habló con un tono que intentaba parecer despreocupado.

—El barco no se ha movido —dijo, con voz más baja.

—Está anclado —confirmó Rayleigh, sin apartar la vista.

—Aroa normalmente se demora mucho menos en derribar un barco —murmuró Ace.

—Lo sé —respondió el viejo, sin inmutarse, después de todo competían padre e hija en quien sacaba un barco más rápido cuando apenas era una adolescente.

Ace apretó los labios. El silencio que siguió era incómodo, al menos para él. Estaba a solas con su suegro... y por más que intentara actuar relajado, le pesaba un poco. Quería que lo respetara. Quería que confiara en él. Maldición, hasta quería impresionarlo.

Instintivamente, desvió la mirada hacia donde se encontraba Newt minutos antes. Sintió un escalofrío en su nuca. Sabía Rayleigh lo estaba observando de nuevo.

witch | portgas d. aceDonde viven las historias. Descúbrelo ahora