cincuenta y ocho

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A Newt siempre le habían gustado las aventuras. Desde pequeño, en su isla natal, la palabra "aventura" no significaba más que colarse en la taberna para quitarles unas monedas a los borrachos distraídos, o entrar en la casa de Jack —su supuesto abuelo— para robarle comida sin que se diera cuenta. Era un arte, un deporte, y él se consideraba campeón a los seis años.

Por eso ahora, con ocho recién cumplidos, se sentía prácticamente un explorador profesional. Con más estatura, más mañas, y la absoluta convicción de que el mundo estaba hecho para ser curioseado.

Y Sabaody... Sabaody era ahora su reino.

Todo ahí era nuevo, brillante, raro o emocionante. Las luces, los árboles gigantes, los colores; la mezcla de piratas, comerciantes, ladrones y músicos. Con Rayleigh, Shakky, Hancock y Mihawk enseñándole pequeñas cosas cada día —a veces sin querer—, Sabaody se había transformado en un parque de diversiones gigantesco.

Aunque, según él, también era "quedarse a mitad de camino". Podía escucharlo en las conversaciones que se filtraban detrás de muros, puertas entreabiertas o callejones oscuros: Sabaody era el último paso antes del Nuevo Mundo. La mitad del viaje. La frontera entre los valientes y los estúpidos... o los dos.

Y Newt escuchaba todo eso con entusiasmo. Porque si algo tenía a su favor, era que nadie sospechaba de un niño. Los piratas lo ignoraban, los comerciantes lo subestimaban, los marines ni siquiera lo miraban... y Rayleigh lo perseguía sin éxito la mitad del día.

Justo por eso escuchó algo importante esa mañana: el nombre Sombrero de Paja Luffy, su tío.

El tío del que hablaba Ace, el hermano pequeño de su papá.

Newt se quedó paralizado en la esquina del callejón, pegado a la pared, escuchando. Unos hombres borrachos comentaban emocionados sobre un gran evento en la Isla Gyojin, algo que Luffy había hecho, algo enorme. Cuando terminaron, uno de ellos clavó un cartel de recompensa en un poste... y Newt lo arrancó de un tirón como quien roba un tesoro sin que nadie lo notara.

Y salió corriendo con la travesura chispeándole en los ojos. Atravesó el barrio rayando las burbujas que flotaban a su paso, esquivando a los piratas grandes, saltando cajas, saludando a los marines con educación impostada sólo para que no lo persiguieran. Un policía lo vio correr por la ventana de un bar y lo siguió gritando por él y lo que traía en las manos... pero Newt ya estaba demasiado lejos.

Entró a la casa de Rayleigh sin tocar la puerta, como siempre.

—¡Elon! —gritó antes de frenar, agitado, al verlo en la cocina— ¡Encontré a tío Luffy, mira!

Le puso el cartel frente a la cara. Luffy sonreía con los ojos cerrados, como si se hubiera reído mientras le tomaban la foto.

Elon, con un delantal que decía "No molestar: cocinando", levantó una ceja.

—Así que este es el famoso Luffy... —murmuró, tomando el cartel con curiosidad, inspeccionando los rasgos del pirata y no encontrando ningún parecido con Ace más que el cabello oscuro. Luego miró a Newt.—¿Tenemos que decirle "tío"?

—¡Sí! —confirmó Newt con total seguridad—A tía Han y tío Hawk les decimos así porque son hermanos de mamá. Si Luffy es hermano de papá, es tío Lu.

Elon bufó.—Solo tú les dices así.

—¡Pero me dan dulces cuando lo hago! —replicó Newt, con el argumento más sólido de su vida.-Tal vez tío Luffy también lo haga.

—Ah. Bueno. Eso tiene sentido.—Elon suspiró y dejó el cartel sobre la mesa—Y bien... ¿qué escuchaste, pequeño espía? Actualízame del mundo.

witch | portgas d. aceHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora