•Lo que fue arrancado•
La fraternidad no cambió en absoluto, y precisamente por eso resultaba inquietante. Las mismas voces llenaban los pasillos, las mismas risas estallaban detrás de las puertas y la música seguía sonando a deshoras, como si el mundo hubiera decidido continuar sin detenerse a cuestionar nada. Todo seguía igual, y sin embargo, algo estaba profundamente mal.
Elif no lo pensaba de forma consciente. Seguía con su rutina, hablaba con los demás, salía, volvía, reía incluso cuando era necesario. Pero había algo en ella que no terminaba de encajar. Dormía mal, despertaba con una sensación extraña en el pecho y, sobre todo, evitaba permanecer demasiado tiempo en su propia habitación. No sabía por qué, pero algo dentro de ella le decía que no debía detenerse ahí más de lo necesario.
Aquella noche no logró evitarlo.
Entró, cerró la puerta con cuidado y se quedó de pie en silencio. La habitación estaba exactamente como siempre: dos camas, dos armarios, dos espacios claramente definidos. El suyo... y el otro.
Frunció el ceño.
No por lo que veía, sino por lo que sentía.
Había ropa. Había objetos. Había señales evidentes de que alguien utilizaba ese espacio. Sin embargo, su mente no le ofrecía ningún nombre, ningún rostro, ninguna historia asociada a ello. Era como si todo estuviera ahí... pero sin pertenecer a nadie.
Se sentó lentamente en su cama y miró la otra.
Algo en su pecho se apretó.
—Qué raro... —murmuró en voz baja, intentando restarle importancia.
Desvió la mirada casi de inmediato, como si observar demasiado ese espacio fuera una mala idea. No lo cuestionó más. No profundizó. No intentó recordar.
Porque no podía.
Algo dentro de ella se lo impedía.
Y, aun así, en lo más profundo, lo sabía: no era que hubiera olvidado a alguien. Era que le habían quitado la posibilidad de recordarlo.
Esa fue la primera grieta.
No en el mundo.
En la verdad.
⸻
Dominic apareció al día siguiente sin avisar.
Entró en la fraternidad con la seguridad de quien no necesita permiso y recorrió el lugar con una calma extraña, como si estuviera confirmando algo que ya sospechaba. Cuando vio a Elif en el pasillo, se detuvo.
—¿Tú qué haces aquí? —preguntó ella, extrañada.
Dominic la observó durante unos segundos, estudiándola, como si buscara algo en su expresión.
—Pasaba por aquí —respondió.
Elif rodó los ojos.
—Claro... pasando por una fraternidad.
Él no discutió. Su atención se desplazó brevemente hacia la puerta de la habitación que estaba a su espalda, y ese simple gesto bastó para que su expresión cambiara apenas.
—¿Te sientes incómoda ahí? —preguntó.
Elif dudó un segundo.
—No... —respondió, aunque su tono no fue completamente firme—. Normal.
Dominic asintió, como si esa respuesta confirmara exactamente lo que esperaba.
—Es normal —dijo.
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ERES MIA
ParanormalUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
