Alice.
El mundo no se rompió cuando la fusión se completó. Eso habría sido misericordia.
Lo que ocurrió fue peor. Todo quedó demasiado quieto. La sal, que antes quemaba, se volvió polvo gris bajo mis pies. La plata incrustada en las paredes dejó de reaccionar, como si hubiera perdido su propósito en el instante exacto en que dejó de poder contenerme.
Dentro de mí... algo respiraba.
No como una criatura.
Como una presencia antigua que por fin había dejado de estar incompleta.
Rosalie no hablaba. No porque hubiera desaparecido. Porque ya no había distancia suficiente para hacerlo.
Éramos la misma conciencia.
El mismo recuerdo.
El mismo error que el cielo nunca logró corregir.
Williams retrocedió.
Un paso.
Luego otro.
—¿Qué... hiciste?— Su voz temblaba. No de rabia. De comprensión tardía.
Aaron no respondió.
Me observaba.
No como a un deseo.
No como a una promesa.
Como se observa algo que ya no se puede controlar.
—Esto no era el plan —insistió Williams, intentando recomponerse—. La chica debía ser el recipiente... nada más.
Algo dentro de mí reaccionó.
No rabia.
Desprecio.
—Nunca fui un recipiente.
Mi voz no sonó más fuerte.
Sonó más profunda.
Como si viniera de más de un lugar al mismo tiempo.
Williams palideció.
Aaron dio un paso adelante.
—No —dijo—. Ahora sí lo eres.
La casa crujió.
No por el viento.
Por algo que acababa de cambiar en el orden de las cosas.
Las paredes vibraron.
El suelo se tensó.
Y entonces...
lo sentimos.
No fue luz.
No fue sonido.
Fue peso.
El tipo de peso que no cae sobre el cuerpo, cae sobre lo que eres.
Aaron levantó la cabeza lentamente.
Y por primera vez desde que lo conocía...
no parecía el dueño del tablero.
—No... —murmuró.
Williams miró alrededor, desesperado.
—¿Qué está pasando?
Nadie respondió.
Porque el aire se había abierto.
No como una puerta.
Como si la realidad hubiera sido forzada a ceder espacio a algo que no necesita permiso para existir.
ESTÁS LEYENDO
ERES MIA
VampirUna ciudad helada. Tres miradas que la queman. Y un secreto enterrado bajo su piel. Alice llegó a Alaska buscando empezar de cero. Lo que encontró fue todo lo contrario: Aaron, con su magnetismo peligroso y una intensidad que asfixia. Dominic, que l...
