Giré la perilla con extremo cuidado y empujé la puerta de la habitación, intentando no hacer el menor ruido. El cuarto estaba en una ligera oscuridad, pero la luz de la luna que se filtraba por la ventana me permitió distinguir la silueta de Fernando en la cama. Tal como había dicho mi abuela, estaba acostado de lado, aparentemente sumido en un sueño profundo.
Solté un suspiro silencioso. Con pasos de gato, caminé hacia una esquina de la habitación y dejé las bolsas de las compras en el suelo. Luego, tomé mi pijama y las cosas de aseo, y me dirigí al baño cerrando la puerta detrás de mí con total cautela.
Me tomó unos veinte minutos terminar con mi rutina. Me di una ducha con agua tibia que me relajó los músculos, me cepillé los dientes y me apliqué mis cremas nocturnas. Al mirarme al espejo antes de apagar la luz, toqué las puntas de mi nuevo corte de cabello. Me pregunté qué diría Fernando al verlo, o si siquiera lo notaría al día siguiente entre tantos pendientes familiares.
Apagué la luz del baño y salí a la habitación a oscuras.
Caminé con cuidado hacia mi lado de la cama. Levanté la cobija centímetro a centímetro y me deslicé en el colchón con una lentitud extrema, conteniendo la respiración para no alterar el descanso de mi esposo de mentiras. Me acomodé sobre el costado izquierdo, dándole la espalda, y cerré los ojos esperando que el cansancio del día finalmente me venciera.
Sin embargo, no alcancé a pasar ni dos minutos en esa posición cuando sentí que el colchón se hundía ligeramente a mis espaldas.
Pensé que Fernando solo se estaba acomodando dormido debido al sutil movimiento de la cama, pero mi teoría se desmoronó por completo en un segundo. Sentí cómo una mano subía por mi costado y, antes de que pudiera procesarlo, los brazos de Fernando me rodearon con firmeza por la cintura.
Mi corazón dio un vuelco violento.
Él ejerció un ligero tirón hacia atrás, pegando mi espalda por completo contra su pecho. El choque de calor fue instantáneo. Pude sentir la firmeza de su cuerpo, el olor limpio de su piel y la intensidad de su cercanía envolviéndome por completo. Un súbito ardor me encendió las mejillas en medio de la oscuridad y me quedé totalmente inmóvil, con los ojos abiertos de par en par, casi temiendo que el sonido de mis latidos me delatara.
Él no estaba dormido. Había estado despierto todo este tiempo.
Sentí el roce de su respiración cálida y pausada justo en mi nuca, lo que me provocó un escalofrío que me recorrió toda la columna. Pasaron unos segundos de un silencio electrizante hasta que su voz, profunda y más ronca de lo habitual por el cansancio, rompió la distancia en un susurro.
—¿Por qué volviste tan tarde, Sofía?
Me quedé sin aire. El agarre de su mano en mi cintura se sintió más firme, y la cercanía de su cuerpo me impedía pensar con claridad. Intenté tragar saliva y modular mi voz para que no se notara el temblor que me recorría por dentro.
—Estaba con mi hermana Emily, Fernando —respondí en un susurro, intentando mantener una distancia mental que físicamente era imposible—. Fuimos al cine, de compras... Hacía mucho tiempo que no pasábamos tiempo juntas. No calculé la hora.
Un silencio espeso volvió a inundar la habitación. Sentí cómo él apoyaba la frente ligeramente contra mi nuca, soltando un suspiro pesado que me erizó la piel.
—¿Segura de que fue solo por eso? —su voz ronca volvió a resonar, esta vez un poco más cerca de mi oído, enviando una descarga eléctrica directo a mi estómago. El colchón crujió cuando él se acomodó, ejerciéndome un poco más de presión contra su pecho—. ¿O acaso estuviste evitándome todo el día?
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Propuesta Laboral ©
RomanceTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
