El sonido de la alarma del teléfono me devolvió a la realidad a las seis de la mañana. Me quedé un par de segundos mirando el techo de mi habitación, sintiendo cómo el cansancio del viaje todavía pesaba un poco en mis párpados, pero una descarga de adrenalina me hizo incorporarme de golpe. Hoy era martes. El día en que volvíamos a la rutina, a los pasillos de Fame Style y a la mirada atenta de medio mundo.
Me levanté y me di una ducha de agua tibia para terminar de despejarme. Al salir, me paré frente al clóset a elegir mi atuendo. La verdad era que, en mi día a día en la oficina, solía ser bastante despreocupada con lo que me ponía; elegía trajes sencillos, pantalones holgados y combinaciones neutras sin esforzarme demasiado. Pero hoy era diferente. Sabía perfectamente que, tras habernos ausentado varios días juntos y con el rumor de nuestro matrimonio rondando por los pasillos, todos en la empresa iban a estar con la lupa puesta sobre mí.
Decidí no darles motivos para dudar. Pasé de largo mis conjuntos de siempre y elegí un atuendo que tenía guardado para ocasiones especiales: una blusa de seda ajustada en tono verde esmeralda y una falda ejecutiva en color crema de talle alto. La falda era espectacular; se ceñía a mi cintura y se ajustaba perfectamente a la curva de mis caderas, estilizando mi figura de una manera que pocas veces me atrevía a mostrar en la oficina. Me maquillé con un poco más de producción, dejé mi cabello suelto con ondas suaves y me puse unos aretes elegantes. Al mirarme al espejo, el resultado me robó un aliento: me veía impecable, segura y sumamente atractiva.
Cuando salí a la cocina, el olor a café recién hecho ya inundaba el departamento. Lisa estaba sentada en la barra revisando su teléfono, ya vestida e impecable, lista para salir hacia su trabajo.
—Buenos días, dormilona —me saludó sin levantar la vista, pero en cuanto alzó la cabeza y me vio completa, casi se le cae la taza de las manos—. ¡Madre mía, Sofía! Pero bueno... ¿qué es todo esto? Te ves increíble.
Solté una risa ligera, acomodándome la falda.
—Tuve que esforzarme hoy, Lisa. Sabes que normalmente voy muy sencilla a la oficina, pero después de todo lo de Madrid y los rumores en Fame Style, sé que van a estar a la expectativa de cada paso que dé. No les voy a dar el gusto de verme descuidada.
—Pues déjame decirte que los vas a dejar a todos sin palabras. Esa falda te queda espectacular —aseguró Lisa con orgullo de amiga, dándole un trago a su café—. Mucho éxito hoy.
Platicamos unos minutos más sobre sus pendientes hasta que ella tomó su bolso y se despidió. Me quedé sola, dando los últimos toques a mi arreglo personal. Me acerqué a la barra, tomé mi teléfono y abrí la aplicación de transporte para pedir un taxi. Apenas rozaba la pantalla cuando el teléfono comenzó a sonar en mi mano, tomándome por sorpresa.
En la pantalla iluminada brillaba un nombre: Fernando.
El corazón me dio un brinco en el pecho. Deslicé el dedo para contestar.
—Buenos días —saludé, intentando mantener la voz neutra.
—Buenos días, Sofía —respondió su voz grave al otro lado de la línea, con un matiz de calidez que me erizó la piel—. ¿Aún estás en casa?
—Sí, justo iba a pedir un taxi para salir hacia la empresa —le expliqué, tomando mi bolso.
—Cancela eso —indicó él con una seguridad absoluta—. Ya estoy abajo, esperándote frente a tu edificio.
Me quedé congelada en medio de la sala.
—¿Cómo? ¿Estás abajo? —pregunté, sin creérmelo—. Fernando, no me avisaste nada...
—Te dije que no iba a dejar de buscar la forma de estar cerca de ti, Sofía —recordó con esa calma dominante que lo caracterizaba—. Así que date prisa y baja. Sabes perfectamente que no me gusta la puntualidad a medias y se nos va a hacer tarde.
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Propuesta Laboral ©
RomansaTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
