Capítulo 55

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Acomodé mis gafas de sol mientras observaba el movimiento de la Plaza Mayor a través de la ventanilla. La promesa que le acababa de hacer a mi madre me había dejado una sensación cálida, pero también una ligera punzada de culpa. Tenía que admitir que, entre el caos de mi falso matrimonio, los contratos y las miradas indescifrables de Fernando, me había desconectado un poco de lo que realmente importaba: mi familia.

Mamá estacionó el auto con la destreza de quien conoce el centro de Madrid a la perfección.

—Espérame aquí, mi vida. No tardo nada, solo entro por la tarta y vuelvo. Si te bajas con ese abrigo vas a pasar mucho calor con el sol que está empezando a hacer —dijo, dándome una sonrisa cariñosa antes de bajarse del coche.

Me quedé sola en el asiento del copiloto, escuchando el sutil sonido del motor enfriándose. Saqué el teléfono de mi bolso, casi por inercia, y abrí el chat de Emily. Quería cumplir mi promesa cuanto antes.

"¡Hola, pequeña! 💛 Estaba pensando que hace mucho tiempo no salimos a solas. ¿Qué te parece si más tarde, cuando regrese con mamá, nos escapamos por un helado o a caminar un rato? Invito yo. Avísame si te apetece el plan."

Envié el mensaje y suspiré, apoyando la cabeza en el asiento. El teléfono vibró casi de inmediato.

Emily: "¡SÍ! Me urge salir de esta casa, Sofi. Papá está insoportable con sus silencios y Olivia no para de hablar de sus cirugías en Suiza. Pasa por mí en cuanto llegues, por favor 🙏✨"

Sonreí, sintiendo que una parte de la tensión que cargaba desde la mañana comenzaba a disolverse. Saber que Emily estaba tan emocionada por pasar tiempo conmigo me recordó lo mucho que nos necesitábamos mutuamente.

Justo en ese momento, la pantalla de mi teléfono cambió. Una notificación de llamada entrante iluminó el cristal, y mi corazón dio un vuelco involuntario al leer el nombre.

Fernando Woodley.

Me tomó un segundo reaccionar. ¿Ahora qué quería? ¿Acaso mi abuela ya lo había hecho romper alguna maceta o es que necesitaba otra dosis de su papel de "esposo perfecto"? Deslicé el dedo por la pantalla y me llevé el teléfono al oído.

—¿Hola? —dije, intentando que mi voz sonara lo más calmada y natural posible.

—Sofía —su voz resonó al otro lado de la línea, tranquila, pero con ese sutil tono de diversión que solo usaba cuando estábamos a solas—. Solo quería asegurarme de que sigues con vida. Tu abuela es... una estratega militar implacable.

No pude evitar soltar una risa ahogada, tapándome la boca con la mano libre.

—¿Te está haciendo trabajar muy duro?

—Digamos que he movido más tierra y macetas en las últimas dos horas que en toda mi vida —respondió, y juraría que lo escuché sonreír—. Me ha dado todo un sermón sobre el cuidado de las plantas mientras vigilaba que mantuviera la espalda recta. Creo que me está evaluando para ver si soy digno de su comida de mañana.

—Te lo advertí —le recordé, acomodándome en el asiento—. Te dije que con ella no se juega. ¿Cómo van tus rodillas?

—Sobreviviendo. Pero tu madre tenía razón, Carmen es muy decidida. Sin embargo... es agradable. La casa tiene mucha vida.

Me quedé en silencio un segundo, conmovida por la naturalidad con la que lo decía. Fernando no era un hombre de sentimentalismos, pero estar aquí parecía estar sacando una versión de él que yo no conocía. Una versión mucho más humana.

—Me alegra que no la estés pasando tan mal —murmuré, bajando un poco la voz—. Mi mamá y yo ya tenemos casi todo lo de la lista. Solo recogemos el postre y vamos de regreso.

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora