Capítulo 45

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El auto avanzaba lento por las calles que tan bien conocía, pero que se sentían distintas después de tanto tiempo. Iba sentada al lado de Fernando, y delante, el mismo chofer que nos había recogido del aeropuerto manejaba con calma, concentrado en el tráfico.

Miré por la ventana un momento, luego volví la vista hacia Fernando y solté un suspiro.

—Bueno... creo que es hora de prepararte.

Él alzó una ceja, divertido.

—¿Prepararme para qué? ¿Me van a hacer una prueba sorpresa?

—No, pero... si logras caerles bien a mis papás en los primeros diez minutos, ya hiciste la mitad del trabajo.

Se acomodó en su asiento, sonriendo como si se lo tomara a juego. Yo no bromeaba.

—Ok, empiezo a tomar notas mentalmente. ¿Qué necesito saber?

—Mi mamá es lo más dulce del planeta —dije, y se me escapó una sonrisa sincera—. Ama de casa, fanática de las plantas, el jardín es su pequeño paraíso. Si le dices que se ve bonito, ya estás del otro lado. Pero no sueltes un cumplido genérico, sé específico. "Qué bien cuidadas están esas orquídeas", o algo así. Lo va a notar.

—Entendido. Flores, elogios sinceros, cero improvisación.

—Exacto. Y si empieza a contarte qué abono usa o cómo trasplanta sus suculentas, hazte el interesado aunque no entiendas nada.

—Puedo fingir con dignidad —bromeó, y yo solté una risita.

—Ahora, mi papá... ese es otro tema.

—¿Más complicado?

—Un poco. Se llama Eduardo. Es abogado, ha trabajado toda su vida en una de las empresas importantes de la ciudad. Es reservado, serio, y últimamente... algo distante conmigo.

Fernando frunció un poco el ceño.

—¿Está molesto contigo?

—Sí, por irme del país. Desde que terminé la universidad me fui a otro continente y no se lo tomó muy bien. Para él, tener a la familia cerca es esencial. Y de sus tres hijas, dos vivimos lejísimos. No lo dice, pero se le nota. A veces siento que se lo toma casi como una traición.

Fernando asintió en silencio.

—Entonces... ¿cómo le caigo bien?

—Sé respetuoso, sin exagerar. No le hables de negocios ni intentes impresionarlo con cifras o proyectos. Háblale de cosas sencillas. Él valora el compromiso, la estabilidad. Y si sale el tema familia, aprovecha para decir que es importante para ti. Eso ayuda.

—Ok. ¿Qué más debo saber?

Me reí bajito y asentí.

—Tus notas van bien, pero falta la parte de mis hermanas.

Fernando hizo como que abría una libreta imaginaria y se preparaba para escribir.

—Dispara.

—La mayor se llama Olivia. Es la lista, la responsable, la que siempre tuvo todo claro desde los quince años. Estudió medicina en una universidad bastante buena en España, y en su penúltimo año se fue de intercambio a Suiza. Se enamoró del país, hizo sus prácticas allá y... bueno, ahí se quedó.

—¿Y qué tal se llevan?

—Bien, aunque últimamente hablamos poco. La diferencia de horarios y de vidas nos tiene algo distanciadas, pero no por peleas ni nada. Solo... cosas de adultos que viven en países distintos.

Propuesta Laboral ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora