Me desperté sola.
Parpadeé un par de veces, medio dormida y confundida, y giré la cabeza hacia el otro lado de la cama. Pero no, Fernando no estaba. Ni rastro. Ni un ruido en el baño, ni una sombra moviéndose, nada de nada.
Suspiré y, curioso, me sentí un poco más tranquila así. No porque quisiera evitarlo —vale, un poco sí—, pero la verdad es que no sabía ni cómo procesar lo de anoche. Ese beso, lo de "solo por hoy", y luego, sin pensarlo, otro beso más. ¿Y ahora qué?
Me quedé un rato mirando el techo, con las sábanas hasta la barbilla, esperando que apareciera alguna respuesta mágica, pero nada. Obvio.
Me levanté con toda la flojera del mundo, fui al baño y me lancé una ducha rápida para espabilarme un poco. El agua caliente ayudó a ordenar un poco el caos en mi cabeza, aunque el nudo raro en el pecho seguía ahí, firme. Cuando terminé, me puse algo cómodo, le di un par de pasadas al cabello y bajé las escaleras, pensando que al menos el desayuno me ayudaría a desconectar un rato.
Al poner un pie en la planta baja, ahí estaba él: Fernando, en ropa deportiva, con una botella de agua en la mano y el cabello todavía un poco mojado. Parecía que había salido a correr.
—Buenos días —dijo, como si nada hubiera pasado anoche. Su tono era calmado, pero sus ojos... esos no mentían.
—Hola —respondí, un poco más bajito.
Nos quedamos unos segundos ahí, sin estar ni tensos ni relajados del todo. Algo raro en el medio. Hasta que él rompió el silencio:
—En un rato bajo a desayunar. Solo me voy a duchar rápido.
Asentí con la cabeza y seguí camino al comedor, donde ya estaban Laura y Andrés sentados, tranquilos, cada uno con su taza de café en la mano.
—Buenos días, Sofía —me saludó Laura con su sonrisa cálida de siempre.
—Buenos días —dije, intentando sonar más despierta de lo que realmente estaba.
Me senté con ellos justo cuando una señora apareció con jugo de naranja y pan tostado. Ojalá este desayuno fuera más fácil de digerir que la noche pasada, pensé.
Me serví un poco de jugo, agarré una tostada, y mientras Laura y Andrés charlaban sobre el clima y los invitados de la gala, yo solo asentía y sonreía, en modo "nuera perfecta". Pero en mi cabeza, el replay de anoche seguía dando vueltas. Ese beso me había dejado una especie de resaca emocional que ni el café más fuerte podía arreglar.
—¿Dormiste bien? —preguntó Laura mientras se servía un poco más de café.
—Sí, bastante —mentí con una sonrisa que salió sola. No era una mentira total, claro. Dormí... después de pasar media hora mirando el techo y repasando cada detalle del beso, del "solo por hoy", del beso en la frente. En resumen: drama interno con pijama incluido.
Andrés asintió con una sonrisa y siguió con su desayuno como si todo fuera normal. Justo cuando pensé que por fin podría comer mi tostada en paz, Laura dejó su taza en el platito con ese "clic" suave que siempre anuncia que va a soltar algo importante. Me miró con esa sonrisa entusiasmada que me ponía un poco nerviosa.
—Hablábamos con Andrés esta mañana —dijo como si nada—, y pensamos que sería lindo que ustedes dos aprovecharan el viaje pronto. Antes de que vuelvan a Colombia.
Solté la tostada en el plato más rápido de lo que quería. ¿Ya estábamos en ese tema tan temprano?
—Ah... sí —respondí un poco atropellada—. El viaje.
—Claro —metió la mano Andrés—. Sería un buen descanso para ambos. El lugar es precioso, algo apartado. Ideal para relajarse.
—Y para estar solos —agregó Laura con una sonrisa que casi me hizo escupir el jugo.
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Propuesta Laboral ©
RomanceTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
