Había pasado una semana desde que llegamos a The Lake District, y aunque el viaje había sido una experiencia maravillosa, ya era hora de regresar a Brighton. Durante esos días, disfrutamos de paisajes hermosos, tardes de juegos en la nieve y momentos inolvidables en familia. Afortunadamente, no hubo más accidentes y todo transcurrió con tranquilidad.
Esta mañana, la cabaña estaba llena de movimiento. Cada quien estaba ocupado empacando sus cosas y asegurándose de no olvidar nada. Laura y Patricia organizaban la cocina, mientras que los chicos se encargaban de cargar las maletas al auto. Yo doblaba mi ropa, asegurándome de que todo estuviera en orden cuando sentí que alguien se apoyaba en el marco de la puerta.
—Pensé que necesitarías ayuda —dijo Fernando con una media sonrisa.
—Todo bajo control, pero gracias —respondí con un suspiro, cerrando la última maleta—. No puedo creer que ya haya pasado una semana.
—Lo sé, se sintió rápido. Pero creo que fue un buen viaje —comentó, cruzando los brazos—. Mi padre parece haber mejorado bastante.
Asentí, recordando cómo los días en la nieve parecieron renovar el ánimo de Andrés. Había pasado de estar un poco cansado y estresado a verse mucho más relajado y sonriente. Definitivamente, el aire fresco le había hecho bien.
—¿Listos? —preguntó Isabella desde el pasillo—. Los autos ya están cargados, nos vamos en veinte minutos.
—Sí, ya voy —respondí, tomando mi abrigo.
Fernando y yo bajamos juntos, y en poco tiempo todos estuvimos listos para partir. Nos despedimos de la cabaña, subimos a los autos y comenzamos el camino de regreso a Brighton. La nieve en los paisajes seguía siendo igual de impresionante, pero esta vez la observaba con cierta nostalgia, sabiendo que el viaje había llegado a su fin.
El trayecto de regreso fue tranquilo, con conversaciones animadas y algunos momentos de silencio en los que cada uno parecía perdido en sus propios pensamientos. Yo, por mi parte, no podía evitar preguntarme cómo sería volver a la rutina después de tantos días rodeada de la familia de Fernando, en un ambiente donde nuestra "relación" había parecido más real que nunca.
El reloj avanzaba y, antes de darnos cuenta, las calles de Brighton aparecieron frente a nosotros. El viaje podía haber terminado, pero algo me decía que las cosas entre Fernando y yo estaban lejos de volver a ser las mismas.
Cuando el auto se detuvo frente a la casa de los señores Woodley, suspiré con una ligera sonrisa. Laura fue la primera en bajar, estirándose un poco antes de girarse hacia nosotros con entusiasmo.
—Bueno, oficialmente en casa —dijo con una gran sonrisa.
Patricia y William se encargaron de bajar las maletas, mientras Fernando y yo caminábamos hacia la entrada. Andrés bajo del auto con una expresión relajada, aunque en sus ojos aún se notaba un leve cansancio.
—Es bueno estar de vuelta —dijo con un tono cálido.
Laura sonrió con ternura mientras le daba unas palmaditas en el brazo.
—Sí, aunque admito que extrañaré la tranquilidad de la cabaña —respondió, suspirando suavemente.
—Bueno, si tanto te gustó, podemos volver pronto —comentó Andrés, lo que hizo que su esposa le dedicara una mirada llena de complicidad.
Mientras tanto, Patricia y William comenzaron a llevar las maletas al interior de la casa, y yo aproveché para estirarme un poco después del largo viaje. Aunque el tiempo en la cabaña había sido increíble, había algo reconfortante en volver a un lugar familiar, con una cama que ya conocía y una rutina a la que podía acostumbrarme.
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Propuesta Laboral ©
RomanceTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
