Después de ese momento en el jardín, el resto de la tarde se pasó volando y de la forma más tranquila posible. Nos volvimos a sentar a la mesa con los demás y nos quedamos platicando por horas. Mi familia se encargó de que el ambiente siguiera súper lindo y nos hicieron reír muchísimo con puras anécdotas viejas. Al final, cuando el sol ya se estaba ocultando y empezó a hacer ese friito de la noche que te obliga a meterte a la casa, llegó la hora de que todos se fueran.
La despedida fue de lo más emotiva. Mis tíos me llenaron de abrazos y me dijeron que les había dado muchísimo gusto verme tan feliz; mis primas casi casi me obligaron a prometerles que no me iba a salir del grupo de WhatsApp y que les mandaría fotos de todo; y mi papá me dio un beso en la frente y un abrazo tan apretado que me guardé ese recuerdo directo en el corazón. Mi mamá, que ya traía los ojos un poquito llorosos pero una sonrisa enorme, nos tomó a Fernando y a mí de las manos antes de subirse a su carro. Me prometió que al día siguiente se iba a levantar súper temprano para ir a la casa de la abuela a despedirse de nosotros en persona antes de que saliéramos rumbo al aeropuerto.
Ahora, ya de noche, el silencio que había en el cuarto que nos había tocado estos días en Madrid se sentía extrañamente pesado.
Fernando andaba de un lado para otro, concentrado en lo suyo, acomodando sus camisas en la maleta con un orden tan perfecto y limpio que daba hasta envidia. Yo, por mi parte, estaba sentada en la orilla de la cama con la computadora sobre las piernas, encargándome de buscar y comprar los boletos de avión para el regreso.
—A ver... —dije para romper el hielo, haciendo que él dejara de hacer lo que estaba haciendo y me volteara a ver—. Si Paula te necesita en la oficina el martes a primera hora, estuve checando y la única opción buena que tenemos es tomar un vuelo directo que sale de aquí de Madrid mañana lunes a las dos de la tarde.
Fernando se detuvo por completo, se quedó con una playera a medio doblar en las manos y se cruzó de brazos mientras me prestaba toda su atención.
—¿Y a qué hora estaríamos llegando a Medellín con ese horario? —me preguntó, analizando la situación con esa cara seria de negocios.
—Pues mira, tomando en cuenta que son casi diez horas de viaje y que allá en Colombia son siete horas menos por la diferencia de horario, estaríamos aterrizando en el aeropuerto de Rionegro como a las seis de la tarde del mismo lunes —le expliqué, leyendo con cuidado todos los detalles en la pantalla para no ir a regarla—. Eso nos da el tiempo perfecto para salir del aeropuerto, para que me pases a dejar a mi departamento con Lisa y luego tú te vayas a tu casa. Así cada quien puede desempacar, descansar para quitarnos el cansancio del viaje y estar listos el martes tempranito para la reunión con los inversionistas.
—Es perfecto, Sofía. No busques más y cómpralos de una vez —asentó él, y por fin se le notó un poquito de alivio en la cara antes de regresar a terminar de empacar sus cosas.
Me puse a teclear rápido los datos de nuestras tarjetas y, después de darle clic a un par de botones, la pantalla me mostró la confirmación de que los vuelos ya estaban listos. Cerré la computadora, la dejé a un lado sobre la mesa de noche y me dejé caer de espaldas en el colchón, soltando un suspiro larguísimo mientras me quedaba viendo el techo.
Ya era un hecho. Mañana mismo nos regresábamos a Colombia. Volveríamos a Medellín, a la rutina del trabajo, a los horarios ejecutivos y, sobre todo, a la realidad de que cada quien regresaría a su propio espacio. Él a su enorme casa y yo al departamento con mi mejor amiga, recordando que nuestro matrimonio era solo un negocio firmado en un papel. Sentí un hueco horrible en el estómago de solo pensarlo. Qué rápido se terminaba la fantasía y qué feo se sentía tener que regresar a la vida real después de haber probado lo bonito que era estar así con él.
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Propuesta Laboral ©
RomantikTras graduarme en secretariado ejecutivo, decidí dar un giro a mi vida y mudarme de Madrid a Medellín, Colombia, en busca de nuevas oportunidades. Sin embargo, la realidad me golpeó cuando descubrí que encontrar trabajo no era tan sencillo como me h...
