Capítulo 2 | Primer día

3.7K 198 28
                                        

Las semanas pasaron rápido. Papá me consintió más de lo normal, estuve leyendo, nadando en la piscina interna, tomando el sol en la piscina externa y me fui de compras con Sam. Recorrimos casi todo el centro comercial desde la mañana, en la tarde nos comimos un McDonald's y continuamos con las compras, fue entonces cuando nos detuvimos en una tienda de bebés.

—Sam—. La llamé. Ella volteo a verme rápidamente—, creo que es tiempo de que me den un hermanito.

Sami estaba pálida, jamás la había visto así. Me cachetee mentalmente. La cagué.

— ¿Estás bien?— pregunté.

—Sí, sí estoy bien, solo que Savi yo... —titubeó— nada, olvídalo. ¿Seguimos?—sonrió.

No quise indagar en el tema así que no volví a mencionarlo. Después de reír, correr, escapar, casi a las ocho de las noches nos decidimos ir a casa. Cuando llegamos papá nos estaba esperando en lo que suponía era la sala de estar, esperen ¿Cuántas living room tiene mi casa? Dios mío.

—Hola papi—. Me besó en la frente.

—Hola amor—. Lo saludó Sam con un beso.

— ¿Se divirtieron?—, preguntó papá divertido ¿En serio, de verdad? Sabía que amábamos las compras, siempre él de modesto.

—Pues... —bajé la mirada a mis bolsas. Tenía 12. Seis en ambos brazos. Miré a Sam, ella solo tenía cuatro. Por supuesto, ella siempre dejándome mal — ¿Tu qué crees papá?—los tres reímos.

—Me encanta, de verdad hija, me fascina la manera en la que gastas mi dinero—. No hizo falta el sarcasmo así que...

—Espera ¿Te refieres a mi dinero Black? Porque déjame notificarte Mr Spencer que estas delante de tu heredera.

Samantha lanzó una carcajada que hizo que todos riéramos. Los amaba mucho, en serio. Papá se acercó, tomó mi rostro entre sus manos y me dijo bajito.

—Savannah Black, déjame decirte princesa, que —ya sabía lo que venía después—, si no tratas de ganarte una vida por tus propios méritos, créeme hija que...

—Ya sé papi —lo interrumpí—, todo tu dinero irá a los centros de beneficencia de todo el mundo, aproximadamente.—Papá me había dicho eso desde que tengo uso de razón, a veces podía ser exasperante, luego recuerdo que de verdad hay personas que piensan que el dinero lo es todo y amo a papá por criarme en la forma en que lo hizo.

Sonrió satisfecho, me dio un abrazo, y me dirigí hacia las escaleras, otras, no eran las mismas por las que siempre bajaba. Iba perderme en esta casa de verdad. Abrí la puerta de mi cuarto y saque todo de las bolsas.

Treinta minutos después, recibo un mensaje.


Papi

Baja ya a comer, sino quieres que suba yo a buscarte.


Me reí como por 10 minutos. Mi padre era el mejor.

Era domingo, y mañana empezaba las clases, el hecho de que papá y Sami hicieran todo lo posible por calmarme me relajó un poco. La cena estaba deliciosa, Marie quien se encarga de la cocina hace unas delicias que Dios se las bendiga.

Hablamos de todo un poco en la cena, con ellos puedo hablar de lo que sea, de cualquier tema, desde cultura y política hasta sexo. Cero tabú.

Aunque nunca pensé que tuviera libertad, ellos me hacían sentir libre. No tenía amigos, nunca antes había tenido un novio y creo que era eso lo que me aterraba. Ahora si iba a quedarme aquí, ahora si podía socializar ¿Qué podía salir mal?

«En realidad todo»

Me habló mi subconsciente. Lo callé.

Después del postre me despedí de papá y Sam y subí a mi habitación. Recé para que todo saliera bien al día siguiente.


***


Me despertó el horrible sonido de la alarma. Entraba a las siete por lo que la alarma sonó a las 5:30 am. Me cepillé los dientes, me bañé y me dispuse a buscar en mi closet. Tenía un buen cuerpo gracias a los ejercicios y el yoga. Tenía el cabello largo un poco más abajo de la cintura, liso con ondas. O eso creo, o era ondulado. En realidad mi cabello era lo que quería ser. Mi tono de piel es bronceada o eso creo. No sé, soy morena gracias a mi padre. Supongo que el color de cabello y de ojos de un tono miel se los tengo que agradecer a la mujer que tuvo que soportarme nueve meses dentro de ella.

Tengo una sonrisa linda, puedo decir eso después de haber utilizado brackets y aún sigo utilizando los retenedores.

Me puse unos Calvin Klein Jeans negros, una camisa negra con unas letras en blanco de H&M que me quedaba un poco holgada. Tome un sweater por si acaso negro también Nike, unos zapatos Adidas blanco y deje mi cabello suelto. Sí, me sentía cómoda, y amaba el negro. Tome mis lentes Gucci, cuando leo, escribo o bien estoy en la computadora, sin lentes no soy nadie.

Me miré otra vez en el espejo, tomé mi bolso Vans y las llaves de mi Audi, y baje. Papá estaba sentado en una de las sillas de la encimera tomándose un café.

—Buenos días papá, pensé que ya te habías ido —le dije.

—Y perderme el despedirme de ti en tu primer día de clase, nunca mi pequeña.

Tome otra taza llena de café y me senté al lado de él.

—Papi...

—Dime mi pequeña. — ¿Cómo no se cansaba de darme amor? Dios santo mi papá era el mejor de todos.

—Sabes que te amo muchísimo ¿no?

Iba a tomar un sorbo de su café, pero se detuvo. Se volteó completamente hacia a mí, iba perfectamente vestido en su traje azul rey. Vaya papá sí que era apuesto.

—Si lo sé —dijo mirándome— lo sé, y déjeme decirle señorita Black que yo a usted también—. Sonreí.

Me besó en la frente y lo abracé muy fuerte. Realmente me estaba entrando el pánico ir al Servantes. No me quería separar de él. Tomé mi desayuno, me despedí de él por segunda vez, le pregunté por Sam, seguía durmiendo. Raro. Salí de casa y me subí a mi Audi.











Perfectamente ImperfectosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora