Yo estaba encantada, tenía apenas cinco años y lo recuerdo perfectamente. Recuerdo ver a mi madre llorar y a mi padre consolarla, pero un día yo realmente quedé encantada. Habíamos viajado varias horas en autobús, recuerdo haberme quedado dormida en brazos de mi padre. Pero una vez que llegamos a nuestro destino, quede encantada. En ese momento creí que estaba viviendo un sueño, la casa parecía un castillo, «Te gusta, Judith. Es aquí donde viviremos ahora.» Yo solo me dedicaba a asentir, y a abrazar a mi osito de peluche, "Mancha" lo llamaba. Recuerdo que mi hermano mayor nunca me daba la atención que yo quería, él nunca jugaba conmigo, jamás me cuidó como un hermano mayor lo hace. Ese día, Hans con tan solo siete años me dio un beso en la frente y me dio ese abrazo que espere que se volviera a repetir «Por qué no tuvieron a niño, yo quería a un hermanito. A Judith no le gustan los carros.» Esas siempre eran sus quejas, llegó a culpar a mi madre de tener preferencia conmigo, puesto que después de sus palabras tan despectivas, cargadas de cierto rencor para un niño de apenas siete años, mamá siempre me consolaba, y papá se preocupaba de la forma en la que Hans estaba desarrollando sus sentimientos hacia mí, hacia ellos, hacia la vida, hacia el mundo. Recuerdo haber visto en Spencer, a un hombre que lo tenía todo, pero que estaba solo. Hasta que oí su voz «Papi, papi tengo hambre.» bajaba las escaleras enfundada en un pijama azul, Savannah siempre ha sido de colores alegres, de sonrisa emprendedora, de naturalidad y espontaneidad. Floja de nacimiento, apasionada por la comida. Sin necesidad que Spencer hablara, se abalanzó hacia mí y me dio un abrazo, me dijo que yo debía de ser la niña de la que su padre le hablaba, que ella sería mi amiga, que jugaríamos juntas y haríamos cosas de niñas... Hans me arrebató eso. En nuestra niñez, en medio de nuestra inocencia, nos hacíamos llamar "Pigie". Cuando una de las dos usaba esa palabra, sabíamos que nos estábamos refiriendo la una a la otra, que teníamos algún tipo de plan, de juego. Que había algo rondando en nuestras cabezas que debíamos hacer. Todavía recuerdo los álbumes con colores, los recortes, los disfraces, cuando nos bañamos juntas, cuando en mi mal hábito de no leer ella me obligaba a que lo hiciera. Recuerdo que el primero que me dio fue el principito «Léelo Pigie, por mí. Prometo que va a encantarte» Dure dos meses leyendo ese libro, y poco después entendí porque estaba en la lista de sus favoritos. Fuimos creciendo, y con eso vi como Hans era ese hermano mayor pero no conmigo sino con ella. Savannah no me hacía sentir excluida, pero Hans si, y entonces empecé a sentirme mal, a rehusarme a seguir jugando con ella, a evitarla. Savannah me conoce mejor que nadie, sí, me conoce. Porque si ella aún recuerda lo que yo, entonces se dará cuenta que sigo siendo la misma. Cuando cumplimos los once, llegó Samantha, y cada vez nuestra amistad se nos iba escurriendo entre las manos. Por años le eche la culpa a ella, a Sam, a Hans, a todo el mundo. Pero era nuestra amistad y dependía de nosotras luchar por ella. Savannah al negarse que nuestra amistad se acabara empezó a pasar más tiempo conmigo. La guarida, así nombramos la casa del árbol que hicimos en aquel jardín en Berlín, era nuestro refugio, pero eso se acabó cuando encontré a Hans en nuestra casa de árbol, le estaba peinando el cabello «Te estábamos esperando, hermanita» Deteste a Hans por ser tan hipócrita y entonces como siempre, cuando algo no me gusta empecé a alejarme. Aproveche para irme con papá un tiempo, y después, cuando volví ya Savannah era otra, ya mi hermano era otro. Ya todo había cambiado. Quise hablar con Savannah, pero ahora era ella la que me ignoraba, entonces empecé a detestarla, a jugarle bromas pesadas porque me molestaba su actitud conmigo, actuaba de una forma, dándome a entender que todo lo que había pasado había sido mi culpa «Lo mejor que pude hacer, fue irme, irme lejos de todos. Iba a estar aquí detrás de ti, detrás de Hans, detrás de todos. Todos te prefirieron a ti, eres mejor hija y hermana que yo. Eso jamás te lo perdonare... la amistad no se ruega Savannah», sabía que la había herido, pero como si no la conociera, su orgullo no lo permitió demostrarlo. Savannah había cambiado, ya no era la misma niña que bajó corriendo por las escaleras a abrazarme. «Dejaste claro que nuestra amistad acabó, eso solo significa una cosa... que nunca había comenzado» Había terminado todo, nuestra amistad se cerró ese día, sus palabras atravesaron parte de mí. En el momento que quise arreglar las cosas, Savannah estaba encerrada en un colegio en Lyon, en Francia. Su desapego me aturdía, y sin querer dar mi brazo a torcer, una rivalidad se hizo presente entre nosotras. Fuimos a Paris, luego a Londres. Yo ya no soportaba tomar otro vuelo, hasta que mamá me prometió que el último que tomaríamos seria para NYC. Hans se había quedado en Londres, a petición de mi madre para que continuara sus estudios en ese lugar. Marie sabía que no me podía separar de ella, tras la muerte de papá quede muy afectada, pero mis problemas emocionales no se compararon con los de Savannah. Siempre creí que sus crisis y sus complicaciones existenciales eran para llamar la atención, entonces la detestaba un poquito más. Después de su cumpleaños número dieciocho, cuando todos estaban aquí, me lie con un chico. Se llama Brad. Me dijo que era amigo de la "princesa" como solían llamarla. Que su amigo Jared iba conseguir una cita con ella, que de eso estaba seguro. Hablaba de cosas incoherentes, decía que todo estaba bajo control, que el plan funcionaria si Jared terminaba siendo novio de Savannah. Pero luego, lo volví a ver. En una estación de tren, llevaba a Sebastián que no se podía mantener de pie. Ese día, Emma y Cameron vinieron en la tarde, me pidieron que por favor le subiera unas bebidas. Cuando lo hice, sin querer pelear con Savannah me dirigí a ella con una formalidad poco común. Le pregunté si sabía dónde estaba Sebastián, que yo lo había visto con un muchacho de ojos grises. No quise decirle que era Brad, pero si le dije en las situaciones en las que Sebastián se encontraba. Luego, volví a ver a Brad, pero estaba con Hans. Dejaron de hablar al momento que me vieron «Sabes lo que tienes que hacer», le había dicho mi hermano a Brad, después de eso, me invitó a salir, me hizo creer que era su mejor amiga, teníamos sexo frecuentemente. Tan solo un día, me di cuenta que me estaba utilizando, que me estaba enamorando para cegarme y obligarme a cometer locuras, porque es eso lo que el amor te obliga hacer: locuras. Me preguntaba por Savannah, que hacía, donde estaba. Una vez llegué a escucharle decir que Sebastián había arruinado sus planes, que Sebastián siempre le había arruinado la vida, él junto a Liam y a Jared. Que él y Jared pagarían por haberse metido con Savannah. Le dije que no quería salir más con él, y me abofeteo. Me di cuenta que el al igual que me hermano estaban enfermos. Hans, siempre estuvo en New York. Me hizo jurarle que no le diría a mi madre que él estaba aquí, que el vendría en navidades, y haría como si nada estuviera pasando. A veces entraba a la casa, y siempre le preguntaba que como hacía para entrar sin que la seguridad lo echara a patadas «Conviví años con Spencer, sé mas o menos como es su manejo, hermanita.» Nunca le dije nada a nadie, era mi hermano y no le veía ningún problema que estuviera aquí. Un día me dijo, fue este año, que si seguía detestando a Savannah, que si podía ayudarlo a hacerle una broma pesada «Qué coño te pasa Hans, a que estás jugando, en dónde te estas metiendo hermano» No me dijo nada, se retiró de nuestro lugar de encuentro. El Starbucks de la ciudad siempre era nuestro escondite, donde me citaba, donde me decía que necesitaba varios favores que yo jamás le hice, y donde a veces, me pedía dinero. Le dije que se fuera, que yo sabía que su amor por Savannah era irracional, enfermizo. Que se fuera a Londres y la olvidara. Pero no me hizo caso. No creí a Hans ser capaz de las amenazas hacia los chicos, siempre creí que fue Brad. Un día lo sorprendí con una foto de Jared y Liam, con fotos de Savannah y Sebastián. Fotos que nunca antes había visto, «Me las dio Emma» se excusó. Yo a Emma no le prestaba atención tampoco, comprendí, desde que la veía a menudo en la mansión que ella había tomado mi lugar, que era ella ahora la mejor amiga de Pigie. Siempre fui atorrante con Savannah, la hacía molestar y enfurecer mediante Sebastián, sin que nadie lo supiera me preocupaba por ella. Sin que Hans me citara fui al Starbucks, y ahí lo encontré con Brad. Un amigo, de mi preparatoria, Gabriel, estaba sentado al lado de ellos. Le envié un mensaje, le dije que le prestara atención a la conversación de los hombres que tenía al lado, que yo estaba ahí, que lo estaba viendo, que cuando ellos se fueran yo iría hacia su mesa y así fue «Quienes eran, los conoces. Están locos. Hablaban de estupideces, seguro eran drogadictos. Como tipos, conversaban de una mujer, Savan... Saman... Manuela. No pude oírles bien, decían que tenían que atacar, que hablarían con otro hombre». Gabriel hablaba despreocupado, sin saber absolutamente nada y yo, estaba anonada, sin poder creer que mi hermano estuviese implicado en todo eso «Seguro hablaban de una serie, de Stars Wars o algo así, quien habla de preparar el ataque, en la noche.» Se reía, de hecho de burlaba, y a mí no me llegaba el aire. Pasaron varias semanas, hasta que llegó Dustin a casa, entonces Hans volvió a citarme. Me dijo que le diera unas pastillas a Dustin, que se las echara en la bebida. Las tomé y las boté. El ánimo de Hans constaba en estar frustrado, la seguridad en la casa había aumentado y él ya no podía entrar. Pero aun así, las amenazas continuaban. La última vez que lo vi, fue hace poco. Me dijo que desde hace tiempo había conseguido ayuda, que ya no me necesitaba. Que me fuera al infierno. Maldijo a mamá, a Spencer, prometió matar a Sebastián de una forma dolorosa. Y por encima de todo y lo que más me aterró fue como juro, que muy pronto Savannah seria de él, y nada más de él.
Amo estos flashback. Nuevamente debo agradecerles, su paciencia es enorme. Gracias por el apoyo, que alegría saber que esta familia esta creciendo. Los amo readers, no lo olviden. Recuerden compartir y votar y como siempre darme su opinión. Besos.
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Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
