La besé como nunca...
Hasta que sentí como sus cálidas manos me detenían. No por favor, otra vez no.
—Sebastián —suspiró cansada. Mierda mi nombre completo sonaba raro en sus labios.
—No Savannah por favor, ya mañana todo será diferente —implore.
Esta vez sí se alejó del todo.
— ¿Mañana será diferente? ¿Me dices que me quieres pero mañana todo será diferente? —dijo molesta—. Te recomiendo Sebastián que no digas cosas simplemente cuando te dejas llevar por el placer. Son mentiras lo que decimos cuando nuestro cerebro esta en otra parte.
Se alejó de mí y traté de detenerla.
—Yo no me referí a eso Savannah —dije en un tono fuerte—, se puede llegar a querer a una persona en menos de lo que tú crees Ángel. —esta vez sí hablé un poco más bajo.
Me miró desconcertada, no me importaba ella era mi Ángel. Después de unos minutos lo que me pareció una eternidad, por fin me dijo algo.
—El sexo es el único consuelo cuando no hay amor ¿no es así? —no me dio tiempo de responder, ella ya se estaba yendo hacia la cama.
Me mató.
Igual no sabía que decirle ¿Qué podía responder a eso?
Me quedé en el mueble, sabía que esta vez no iba a dormir con ella por mucho que quisiera. Y aunque sabía que dormiría allí, mis intentos por conciliar el sueño fueron en vano. Sabía que no iba poder pegar el ojo en toda la noche, no después de esto. Algo me decía que eso iba a ser así a partir de ahora...
Todo por ella.
Ella tenía el poder para hacerme sentir en su paraíso pero también lo tenía para destruirme.
Tanto evitar este momento para que llegara y de la forma menos esperada. Tenía miedo, no quería que mi estado de ánimo dependiera de sus acciones, no quería.
***
No sé a qué hora fue que pude quedarme dormido, pero no fue hace mucho, vi como el cielo se aclaraba y un rayito de sol se asomaba por una de las ventanas del cuarto de hotel.
Me desperté rápidamente, y me metí al baño. Busqué a Savannah por todas partes pero no estaba, vi la hora y seguía siendo temprano.
Me terminé de duchar, me vestí con unas de las prendas que me habían comprado —aún no superaba eso— salí del baño y me encontré con una reluciente Savannah tomando lo que supuse era nuestro té favorito.
—Hola —susurré.
—Hola —me dijo enérgicamente. Me sorprendí.
— ¿Tienes hambre? —me preguntó y yo me dediqué a asentir.
—Aquí hay waffles, panquecas con miel, cupcakes, donas, lo que te apetezca.
Le sonreí tímidamente y me puse frente al espejo. Maldición hoy era uno de esos días en los que odiaba a mi cabello. Busqué un cepillo y empecé a peinarlo. Son estos momentos en los que quería ir a la barbería y hacerme el corte militar.
Tenía las puntas enredadas, y mierda parecía una chica. Lancé el cepillo con frustración, iba a pararme hasta que Savannah puso sus manos en mis hombros y se situó detrás de mi. Tomó una crema que ni sabía que estaba allí. Colocó un poco en sus delicadas manos y empezó a masajearme el cuero cabelludo.
Que sensación tan divina.
Nadie jamás había hecho esto, ni siquiera mamá. Nadie había tocado mi cabello de esa forma.
ESTÁS LEYENDO
Perfectamente Imperfectos
Ficção AdolescenteA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
