Habían pasado seis meses desde que Savannah se había ido.
Londres siempre seria su lugar favorito, era cierto que su departamento era un tanto lujoso pero aun así no lo vio tan exuberante. Ella y Jud tenían cuatro meses de ir a una de las mejores escuelas de la Universidad de Cambridge, el departamento quedaba cerca de la escuela, vivían en el último piso, con un ventanal que daba a ver toda la Universidad y un poco más allá. Una cocina de última tecnología, dos recamaras bien acomodadas, una biblioteca con los cientos de libros de Savannah y las incontables enciclopedias de Jud. Una sala de TV y otra sala de estar y una habitación extra.
«Un departamento bastante grande solo para dos personas», había pensado Jud desde que llegó.
Su relación iba más que bien, Jud había vuelto a recuperar a su antigua amiga y Savannah trataba de recuperar su vida, se habían vuelto inseparables, habían creado una conexión mejor que cuando eran niñas. Su confianza incrementaba, y por ende la seguridad en Savannah también. Como guardaespaldas, tenían a James, a Paul y quien no podía faltar, su mejor cómplice y amigo de ambas, Tayler.
James vigilaba los alrededores y Paul y Tayler se encargaban de ir a todas partes con ellas, se había acabado el vigilarlas de lejos. Ahora iban detrás de ellas, a todas partes. Luego estaba su padre, quien la iba a visitar con su familia cada fin de semana. El pequeño Swayer ya había cumplido su primer añito, después de su desastroso cumpleaños número diecinueve Savannah había intentado salir adelante. Samantha siempre hablaba con ella, casi todos los días, los horarios para hablar por Skype eran muy variados, así como el cambio de horario. Y Marie, siempre hablaba con Jud, nunca deja de preguntar por su bienestar, puesto que ella es lo único que le queda.
Por otra parte estan sus amigos, los primeros tres meses Sebastián se rehusaba a hablar con ella, y cuando lo hacía era muy breve. Nat y Jared a veces hablaban con ella, la universidad toma mucho de su tiempo libre, pero aun así son incapaces de olvidarse de su única amiga. Y Liam, teniendo o no el tiempo hacia hasta lo imposible por saber de ella, ambos, lo necesitaban. Su relación no era la misma, se había intensificado un sentimiento que ambos desconocían, pero que hacía que se preocuparan. Cameron iba a visitarla, la última vez que lo vio, habían pasado navidad juntos en la soledad de aquel departamento.
No fue hasta principios de años que Savannah decidió tomar ayuda psicológica, Mónica Valdez le había recomendado ir a consulta con uno de sus colegas de postgrado. Harry West, un psicólogo especializado en trastornos y traumas mentales no era más que un amigo de Savannah, él, diez años mayor que ella, no la citaba en su consultorio, pues Harry sabia —por Mónica Valdez— que Savannah no quería un diagnostico psicológico, sino alguien lo suficientemente sabio para aconsejarle y lo suficientemente paciente para escucharle. Harry era perfecto, para ella no era un psicólogo, era un aliado.
De por si Londres es un lugar frio, y poco a poco la mentalidad de Savannah también se volvía así, más fría, más madura, más dócil. A medida que pasaba el tiempo se le notaba el cambio, ya no era la chica despistada e intrépida, seguía poniéndole pasión a las cosas, sí, pero era más cuidadosa con cada palabra, cada acción.
Había llegado el verano, Judith y ella habían aprobado el primer semestre de sus carreras, pero aun así la melancolía se hizo presente. Pensó, que tal vez los chicos también estarían felices de haber aprobado, que Sebastián estaría orgulloso de ella así como ella de él... que tal vez estarían todos felices. Porque si, después de que Sebastián se rehusara a hablar con ella, lo había hecho los meses siguientes.
Sabía que había sido egoísta, sabía que de su parte no era indiferencia, sabía que aún había algo dentro de su Sebas que no lo dejaba avanzar, porque ella sin darse cuenta había avanzado, se había perdonado y había empezado a sanar sus heridas. Lo que no sabía Savannah es que el caso de Sebastián fue todo lo contrario. Después de su partida, trató de entenderla, de entenderse, de convencerse de que era eso lo mejor. Que él, al igual que ella necesitaba esa sanación para ir a buscarla...
Sebastián antes era frío, después de que ella se fue, se volvió cruel.
Cuestionaba y maquinaba todo, se dedicó al cien por cien a la universidad y a aprender más y más acerca de las empresas de su padre. Decidió aprender otros idiomas, analizó el trabajo de los estafadores, de los hipócritas y de los interesados. Si, Sebastián era inteligente, pero su crueldad lo llevó a ser astuto y a no tener piedad. Salía temprano y llegaba tarde. Sus insomnios les causaban molestia, el recuerdo de ella, tan vivaz y tan reciente en su memoria lo atormentaba. Pensó en ir a buscarla, hasta que se llenó de odio. Ya no razonaba, y lo único que él podía pensar era que para sanar, no era necesario huir, que quien quiere de verdad jamás se va. Y si ella se fue, entonces nunca lo amo, no como él lo hacía. Y eso, eso era lo que a él más le dolía.
Sebastián de a poco la fue odiando, la odió por amarla tanto.
Savannah llamó a Liam ese verano, habían hablado, y ella como siempre preguntó por Sebastián, y como siempre, recibió la misma respuesta: "Él, él está bien". Sabía que había algo que Liam le ocultaba pero decidió no insistir. Pasaron semanas y se cumplió el año de ella haber abandonado New York. Una noche sin más, pensó, no era lo mismo preguntar por él, que llamarlo. El cambio de horario le favoreció esa madrugada... pero fue en vano, Sebastián nunca respondió a sus llamadas.
Si tan solo el dolor no hubiese cegado a Sebastián, si tan solo el fuera llevado su celular ese día. Hubieran pasado tantas cosas, y se habían evitado otras...
Se levantó somnolienta, el hecho de que Sebastián no tomara sus llamadas le hizo pensar tantas cosas que no logró dormir, faltaba más de un mes para su cumpleaños número veinte, paso todo el día pensando en sus últimos dos cumpleaños, hasta que tomó una decisión.
Había organizado todo, había hecho todo, había hablado con Tayler y entonces recibió una llamada.
—Hola Liam ¿Qué pasa?
—Savannah —la voz de su mejor amigo sonó rota.
—Liam, ¿Qué pasa? ¿Está todo bien? ¿Tu mamá, los chicos, mi familia? Acá es temprano, allá debe de ser muy tarde, ¿Qué pasa? —se alarmó, Liam nunca llamaba a esas horas.
—Savannah —repitió ahogado en llanto.
—Liam —susurró ella.
—Savannah... Savannah... Sebastián se mató.
FIN.
PD: ¡ESTE ES EL VERDADERO FINAL!
Ah pero que creían ustedes mis readers, yo de verdad lo que pensé fue en terminar la historia donde había comenzado. Es decir, ellos se conocieron en Columbus, entonces la historia terminó en uno de los pasillos en que cruzaron miradas. Yo sabía que ese final a pocos le iba a gustar, es más, hasta me pareció cliché, por eso les había dicho acerca de los dos anexos... y ¡SORPRESA! Que dramaaaa ¿Cómo que Sebas se mató? Yo que ustedes me voy rápidamente a agregar la segunda parte de esta historia: ¡ALMAS PERFECTAS DESTINOS IMPERFECTOS! Ya está en mi perfil, y una vez ahí les indicare como será todo. Ahora sí, la historia aparecerá como completa, hemos llegado al final!!!
LOS AMOOOO UN MONTÓN, GRACIAS POR TANTO APOYO!!!
¡Nos leemos mis readers, nos leemos en almas perfectas destinos imperfectos, ya saben!
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Perfectamente Imperfectos
Ficção AdolescenteA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
