Estaba sentado en la sala de espera del Hospital Central de Pittsburg. Las enfermeras corriendo de un lado a otro, la aberración de los presentes hacia la esperanza, los gritos, los llantos... todo me daba vuelta, estaba en un punto aislado porque no deseaba hablar con nadie, porque no quería estar con nadie.
No eran los días ni las horas en vela, era la incertidumbre de la certeza de que todo podía empeorar. Porque toda situación mala, puede ponerse peor. Las batas blancas, el olor a alcohol y otras sustancias desconocidas, a hospital, las paredes pintadas de ese color crema, de por si la densidad enfermiza que se aspiraba en el ambiente me traían mareado desde hace aproximadamente tres días.
Si, tres putos días.
La desesperación me afligía y el tiempo era algo que ya no me importaba. Porque el tiempo corría y con ello se acercaban sucesos indetenibles. Ya los tres nos habíamos enterado que no habíamos sido admitidos en Columbia University. Jared por su parte nos dijo que todo estaría bien, que eso, era algo que Savannah tenía planeado mucho antes de conocernos. El rechazo de la universidad no me dolió tanto, eso podía esperar, que coño. No me importaba ya, de hecho, nuestra graduación. Lo que realmente me dolía era la ausencia de su esencia, la ausencia de su ser, de mi Savannah.
Tres días sin dar crédito a la vida, donde la desesperanza nos arropaba pero siempre había alguien con cierto escepticismo, cierto optimismo que nos impedía rendirnos. Tres días donde no teníamos certeza de nada, no había información de lo que ocurría adentro. «Savannah está luchando» «Confiamos en que ella saldrá de esto, es una chica fuerte». Nos decían cosas de las cuales todos somos testigos.
Que hablar de quienes nos encontrábamos en la sala. Fui como si el caos pasara en cámara lenta, de forma letal. Paul se había encargado de hacer una reservación en un hotel, donde las mujeres van a descansar y a asearse. Mi madre, al estar al tanto de todo esto aun así no puede dejar el trabajo, y aunque Spencer, tiene a gente especializada en su trabajo, le ha pedido a Lizzy encargarse de todo porque al menos ella sabía cómo llevar ambas situaciones: el apoyarnos a todos nosotros y el estar pendiente de lo que sucede en la empresa.
A Luca ya no le sale ni un chiste, su ingenio esta discernido en un pozo de preocupación y ansiedad. Sam hace todo lo posible por mantener a Spencer de pie «Él ha sido mi bastón, si uno está mal entonces para eso estamos ahí. Pero ese es el punto, yo nunca, gracias a él, he vivido algo así... hasta ahora. Sus problemas, siempre serán los míos». Eso había dicho Sam el primer día de estuvimos aquí. Nat no se podía sacar de la cabeza a Emma alias Sophie, tal parece que no le aterra el hecho de que Emma lo haya utilizado, sino de lo que fue capaz de hacer. Jared y Liam estaban al igual que yo, procesando toda esa información de hace tres días en aquel bosque de Pittsburg. Y Camren, estaba igual o peor que todos, no paraba de disculparse, de decir que ha sido su error... que ella tenía que haber dado más.
Pero entre todos, fue ella quien demostró más de lo que antes cualquiera pudo haber imaginado acerca de ella.
El único ajeno, que nos mantenía en vigilo con un rayo de esperanza, era la sonrisa, la risa, la mirada, incluso el llanto del pequeño Swayer. Afuera llovía a mil cantaros, escuchaba la voz amortiguada de Tayler al final, el hombre necesitaba un descanso aunque ninguno fue capaz de pegar el ojo en lo que va de día. Tayler, junto con Paul, James, Greg y Jack se encargaban no solo de la seguridad sino de lo que pasaría con los tres cómplices que estuvieron detrás de todo esto, de nuevo si, tres, porque Sophie alias Emma se encargó de matar a uno.
Iba a ser mitad de mañana cuando deje el hospital solo para ir a ducharme al hotel. El agua fría caía por encima de mi cabeza y cerré los ojos con fuerza.
Los recuerdos eran apabullantes.
Por un lado, estaba en un hotel, en un cuarto de baño, y al cerrar los ojos lo primero que vi fueron sus ojos, su sonrisa, su ingenuidad. «¿Te dolió mucho?» Esa fue la primera pregunta que me había hecho cuando observó mis tatuajes, sin prejuicios ni vergüenza. Cerraba los ojos con fuerza, demasiada fuerza, deseando retroceder el tiempo, deseando salir de ahí y saber que volvería a verla de espalda, sin sujetador y su cabello cayéndole en cascadas por su espalda desnuda. Deseaba tenerla otra vez conmigo, joder.
ESTÁS LEYENDO
Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
