No sentía los músculos.
Cuando hacía cualquier movimiento los huesos me crujían de una manera estrepitosa. Savannah me miraba de reojo, no entendía por qué hasta que me vi en unos de los espejos retrovisores. Estaba más blanco de lo normal. Parecía un papel.
No tenía más opción. Tenía que ir con ella.
Mi frialdad, mi manera de ser es una forma de defenderme ante el dolor. Mi pasado me perturbaba. A veces nos pasan cosas que nos cambian la vida y justifica nuestra forma de ser.
Solo que con ella era inútil, todo era inútil.
Mi autocontrol se me escapaba y tenía que mantenerme tranquilo para no darle paso a mis impulsos. Verla me dolía. Era tan hermosa que dolía, dolía saber que una persona como ella jamás estaría con una persona como yo.
Ella se había encargado de llamar a mi madre. Respiré aliviado cuando mi mamá le había dicho que estaba en casa, no quise preocuparla, por eso cuando la saludé le mentí diciéndole que estaba bien.
No hablé en todo el camino, no podía, estaba demasiado mal. Era como si el frío me abrigara. Admito que estar con ella, solos, así, me da una tranquilidad que nunca antes había sentido. Imaginármela entre mis brazos me daba una idea de cómo sería sentirse en el cielo.
Ella es un ángel, más quisiera convencerme que ha venido a sacarme de mi propio infierno. Pero sé, que solo ha venido para arrastrarme a las llamas de su paraíso.
Y yo, me dejaré arrastrar.
***
El trayecto se hizo algo tedioso, esto iba a ser para largo. Maldita tormenta.
—Sabes a donde te diriges Savannah, porque creo que estas perdida —dije en voz baja.
—Si Sebas...tian. Perdona —se disculpó —ya casi llegamos, tranquilo.
—No tienes por qué disculparte. Puedes decirme Sebas... total, es lo mismo, da igual. —dije con desdén ¡Que mentira tan niche! Dios santo amaba que me dijera así.
—Está bien —sonrió, a pesar de mi apatía.
Quise abrir la boca, gritarle, decirle que me ayudara sí, pero para irme a casa.
Estaba de broma.
Tenía que ser mentira. No lo podía creer, estaba entrando nada más y nada menos que al The Condor Hotel.
Mierda.
—Savannah —intenté otra vez— ¿Segura que es aquí, tu padre te dio esta dirección?
—Si Sebas —rió. Mi nombre, más su risa, más su voz... era la perfección misma—. Este es el hotel donde está nuestra reservación —bajó un poco la cabeza para ver mejor.
Hasta ella estaba sorprendida. Ese hotel era carísimo. Había que pagar hasta para verlo desde afuera, Santo Dios.
Aparcó, y salió del auto. Abrí la puerta y maldije ante el dolor que recorría todo mi cuerpo. Intenté bajar pero no pude. Vi como Savannah le arrojó las llaves a algún trabajador del hotel. Rápidamente fue a ayudarme, quise negarme pero no, no pude.
Mentira, si podía, pero no quería.
Llegamos al lobby... todo ese hotel era un sueño.
—Buenas tardes. Savannah Black. Mi padre llamó, tengo una reservación. —dijo de forma autoritaria, como si nada le importara. Me sorprende lo linda y lo perra que puede llegar a ser esta chica.
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Perfectamente Imperfectos
Teen FictionA veces no es suficiente teniéndolo todo, a veces la palabra "todo" no abarca lo que realmente queremos. Savannah Black lo sabía, lo tenía claro. Una chica que precedía lo perfecto ¿Cómo termina enamorándose del chico más imperfecto? Lo perfecto est...
